Cristina Fernández Kirchner volvió a dar la nota. Dos amigos se pelean: Uno que Cristina revolución; el otro, que Cristina escándalo, y bueno, che, después de todo su trabajo es dar la nota. Es estar en boca de todos. Es penetrar en el debate público, sea como sea. Un buen político es uno visible, y no hay tal cosa como la mala publicidad, y que se yo cuantos otros clichés podríamos repetir hasta convencernos de que la casta política actúa a la manera de la providencia, benévola, sagaz, audaz, santos de devoción. La representación, que cosa hermosa. Ah, ¿te enteraste la última de Macri? Sí, sí, dijo que cambiemos todas las lamparitas de casa por leds. También que CFK propulsa locuras. #Macritips. El Machirulo-gate. Y qué agresiva está Cristina, cada vez peor, encima hipócrita, 12 años de mandato y no se le ocurrió legalizar el aborto. Ya te lo dije yo, está demente 1 . ¿Los políticos son transformadores, o manipuladores? Dos amigos se pelean: de nuevo esta maldita grieta.

Empecemos por el principio. Mauricio Macri recurre a la vieja y siempre confiable estrategia de apelar a las locuras de la mujer. Y sí, como es bien sabido, las mujeres tienen ese nosequé, ese costadito emocional que se les rebasa desde lo más hondo del pecho, de los dos pechos. Es que las hormonas, viste, de tantas pastillas anticonceptivas, y encima ahora vienen cada vez peor. El punto es, de nuevo, un hombre, blanco, cis de clase alta, detentando la posición máxima de poder que el sistema ofrece, usando un argumento que usaban los hombres, blancos, cis de clase alta, que detentaban las posiciones máximas de poder, en la época Victoriana. Todo muy light. Podríamos discutir si el peronismo se comporta de manera más o menos rebelde ante el  mandato de un gobierno no peronista, eso sí, lo podemos discutir toda la tarde; pero atribuirle toda la dirección de un movimiento tan heterogéneo y fragmentado, solo a las locuras de una fémina me parece un
poco… trillado. Simplista. Reduccionista. Marketinero. Obsoleto. Machista. Descalificar acorde a estos estereotipos de género en lugar de debatir en términos de políticas es cuanto menos, triste; viniendo del presidente, es preocupante. Micro-victoria cambiemita: polarización para la distracción. Por ejemplo: me aumentó el 400% la luz, no me alcanza para la SUBE, encima ahora le tengo que garpar los remedios a mi abuela — Pero ¿yo Kirchnerista?!!!! Antes muerto, vos dale para adelante y que no vuelvan más. Digamos que acciona un poco así: mezclando todo.

Ahora, además tuvo suerte Mauricio, parece orquestado: CFK contesta y cambia el foco de la polémica. Cristina hace una declaración simple pero contundente: Macri es un machirulo. Suculento. Secreto a voces, ahora enarbolado por la referente del peronismo es re-significado. Emoción. Remeras estampadas con un tweet. Héroes o villanos, pero siempre en el trending topic. Polémica en el bar. Es que ya no es más la vieja contienda entre peronismo hegemónico y lo demás, pueblo y oligarquía, izquierda y derecha, mujer y hombre, irracionalidad y racionalidad, y qué se yo que más. No, no. Ahora el debate cruza justito por el corazón de la actualidad: el feminismo. Entonces Cristina enarbola una palabra llana (palabra-llama) y con ella enciende la agitación popular. Machirulo: insulto simple, inocente. No. El inocente sos vos. Detrás de cada concepto, de cada palabra, respira una cultura dominante, instituida y reproducida desde el poder, que configura la manera en la que entendemos el mundo que nos rodea, por medio de –de nuevo– las palabras, 1 Comentario de Jorge Lanata. Porque creemos ingenuamente que en las palabras se alberga el ser. Es decir, si leemos crimen pasional, entendemos: affaire amoroso, ámbito doméstico, esfera privada, asunto cerrado. Si leemos femicidio, entendemos que ahí atrás hay un sistema de cosificación de la mujer de larga data bancado por el patriarcado, etc. Me fui, ya se. La “conspiranoia” me encanta. A lo que iba en realidad es que la palabra machirulo en realidad es todo lo contrario, es un bastión de esta nueva contracultura que viene a torcer ese dedo acusatorio que históricamente apuntó hacia la histeria femenina; machirulo viene a decir: “oíme macho, el problema acá sos vos, los tiempos cambiaron y te están llevando puesto”.

Entonces, el que Cristina; Cristina emblema de la política tradicional de partidos, Cristina silenciosa, Cristina combativa, Cristina deconstruída use esa palabrita, generó euforia, enojo, y algunas otras cosas más. Euforia, porque es una mujer a sabiendas empoderada que se une, final y ruidosamente, al coro de las que ya estamos de este lado. Enojo, porque osó manchar la bandera del feminismo con la oscuridad del oportunismo político. Sin embargo, ella tiene libertad de expresión como cualquier argentino o troll, y la libertad de expresión es implacable en su autoridad, por lo cual hay que resistir ese ímpetu censurador que muchas veces parece exigir la nobleza. En realidad, mucho más sabio sería entender que CFK es política, esencialmente, y como tal, va a usar su poder de retórica según las circunstancias lo requieran, como condición para permanecer en la relevancia. Una de las bellezas de la democracia es que no necesitamos líderes ilustrados, solamente líderes sensibles a las coyunturas sociales cambiantes, que respondan, con lo cual sorprendente sería en realidad si Cristina no hubiera hecho ninguna manifestación en absoluto respecto al feminismo. Hubo una ofensiva directa y personal de parte del Presidente; y hubo una respuesta defensiva que eligió signarse con una carga simbólica particular. Dos pájaros de un tiro.

Recién ahora vamos llegando entonces a la cuestión que late debajo de todo este machirulo-gate. Y esa es la efusiva bienvenida de parte de muchos sectores feministas que recibieron este gesto de CFK como el regreso del hijo pródigo. El tweet de Cristina en menos de 2 horas abarca toda superficie posible, tanto real como simbólica. Hay discusiones respecto de su autenticidad, de su esencia, de su pasado. Vimos a Cristina la neutra, anti-aborto, clerical; también vimos a la Cristina de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, de la Identidad de Género, la Ley de Matrimonio Igualitario, la Jubilación de las amas de casa. Pero, asimismo, podemos ver a un Macri que pide tratar el aborto en el Congreso. O a una izquierda que aboga por los derechos de las mujeres hace incontables años. ¿Pero, es que eso alcanza para erigirlos en líderes? Dejamos de creerles a nuestros padres, a la escuela, a la historia, a la música, a las noticias, a la ley, desconfiamos de todo y de todos, desandamos los caminos andados, cayeron lágrimas con la desilusión y el dolor, que secamos con un pañuelo verde y un abrazo hermanado. Aprendimos sobre sororidad, resistencia, calle, ruido, bombos y baile. Y todo lo hicimos solas, codo a codo. Somos autarquía: organizadxs y autoabastecidxs. Podemos bien recibir la conversión de una dirigente de la índole de CFK, podemos no hacerlo, podemos dudar, podemos creer; pero volver a deberle devoción a la política tradicional de partidos significa dar un paso atrás, yendo a ese lugar en el cual las demandas se interpretan verticalmente, de arriba a abajo, con una base mundana llena de grietas y fisuras. Significa dividir. Y eso no lo podemos permitir: porque auto gestionadas estamos haciendo historia. Por eso, extremo cuidado con los ídolos: son pasado. El movimiento crece desbocadamente y estos tótems se van cayendo, sí, se van a caer. Se va a caer.

Foto de portada: TW.