Desde ya que la respuesta es que no, pero hay ciertas estrategias para la mitigación de sus costos. Cambiar leyes e instituciones no es suficiente. La desregulación radical debe ser parte del remedio.

 

Hace no mucho tiempo, se produjo el lanzamiento de un documento del Fondo Monetario Internacional (FMI) que explica por qué la corrupción es mala para las economías y sugiere formas de erradicarla. Sin embargo, ni estas recomendaciones ni las expresadas en el foro, harán mucho para solucionar los problemas del mundo en desarrollo.

 

Las “estrategias de mitigación” del FMI para la corrupción también se centran en la transparencia, la mejora del estado de derecho, la creación de instituciones y el intento pacífico de cambiar las normas sociales en las sociedades corruptas. Todas estas son recomendaciones bien conocidas que algunos de los regímenes más corruptos del mundo han simulado aplicar.

 

Kakha Bendukidze, llamado por algunos medios como “the man who remade Georgia”, fue un ministro cuyas reformas sacaron al país de Georgia del puesto 124 en el índice de percepciones de corrupción de Transparency International en 2003 al 50º lugar al día de hoy.

 

La propia solución de Bendukidze no fue del tipo recomendado en conferencias internacionales o en documentos del FMI. “La liberalización y la desregulación ayudaron a destruir la corrupción, y la destrucción de la corrupción, a su vez, ayudó a la liberalización y la desregulación”, así describió el proceso.

La teoría de Bendukidze era que para eliminar la corrupción, un gobierno tenía que deshacerse de departamentos de los que sabía que podía prescindir, y reducir al mínimo el contacto entre los ciudadanos y el gobierno. Sería muy difícil de aplicar en nuestro país este enfoque draconiano.

El economista Hernando De Soto consideraba que la burocracia excesiva era la causa principal de la corrupción en el mundo en desarrollo (la burocracia es el engranaje oxidado, la corrupción el aceite).

 

El documento del FMI contiene exactamente tres párrafos sobre la eliminación de la regulación excesiva. Uno de ellos enfatiza la importancia de la tecnología mientras otro advierte que la desregulación puede “presentar sus propios riesgos, particularmente cuando el marco institucional está subdesarrollado”.

 

En los países donde la corrupción es la forma de vida establecida, su erradicación no se puede lograr siguiendo un manual de reglas tipo. El método de Bendukidze probablemente no sea el único posible, pero ninguna receta útil puede basarse únicamente en recomendaciones de sociedades occidentales ordenadas y respetuosas de la ley.

 

Según el FMI, la corrupción le cuesta al mundo entre 1,5 y 2 billones de dólares al año, o 2% de la producción económica mundial; principalmente socavando los incentivos para que los contribuyentes compartan sus ingresos con los gobiernos, aumenten los costos y socaven la calidad del gasto público. Las pérdidas ocurren principalmente en los países menos capaces de costearlas.

 

Depende de cada nación corrupta desgarrar su burocracia y ahuyentar a sus arquitectos. (esta última expresión no guarda conexión alguna con la profesión del ex Ministro de Planificación Julio De Vido, cualquier parecido con la Argentina, es pura coincidencia.)

 

 

Fuente: FMI y Bloomberg

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