Desde que soy chica siempre escuché hablar del muro, del muro en singular, como si solo fuera uno. Éste era nada más y nada menos que el muro de Berlín. Sin embargo, nunca escuché hablar del muro de Praga hasta que lo visité este año.  Fue estando ahí que una guía turística se acercó a una pared llena de coloridas frases de los Beatles, signos de paz y cualquier otro dibujo y nos contó la apasionante historia que había detrás de lo que parecía no ser más que una simple pared con graffitis.

Praga se encontraba bajo un gobierno comunista cuando John Lennon fue sorprendentemente disparado en Nueva York. Tras este episodio, algún rebelde al régimen checo escribió partes de la canción “Imagine” sobre este muro. Eran años duros de guerra fría, años en los que tanto las canciones de Lennon como las de otros artistas considerados “revolucionarios” estaban prohibidas. Las autoridades comunistas se hicieron cargo lo antes posible de borrar este graffiti. Pero al parecer, el joven que había emprendido la iniciativa de intervenir el muro no era el único valiente de su generación. Noche tras noche, muchos jóvenes empezaron a pintar flores, signos de paz y frases de canciones prohibidas sobre este muro. Día tras día, la policía se ocupaba de que se lo pintara nuevamente de un tono homogéneo, algún tono que permitiera tapar todos los colores que se escondían detrás.

A pesar de los esfuerzos de la autoridad por mantener la sobriedad del muro, un día decidieron rendirse. Fue así como éste continuó siendo el único lugar de la ciudad en el que los jóvenes podían descargarse en contra del régimen. El país era comunista pero el muro era libre. Hoy en día se le llama “El muro de John Lennon”, pero en verdad es mucho más que eso. A pesar de que haya surgido como una conmemoración a Lennon y se hayan tomado frases de sus canciones y otras de los Beatles como ejemplo de vida, el muro fue y es mucho más que eso.

Hoy en día sigue la tradición de ir y escribir cosas en él. Los temas siguen siendo los mismos: paz, libertad, amor, tolerancia. Los tiempos cambian y también las circunstancias. Pero es lindo que haya tradiciones, más bien símbolos, que sigan intactos. Este muro no es solo el muro de John Lennon: este muro es un símbolo puro de la libertad de expresión, un muro que contiene la esperanza de un mundo distinto.

Mis amigas y yo llegamos ahí después de un largo día de recorrido con uno de esos Free walking tours que hay en todas las ciudades europeas. Estábamos agotadas. Pero había algo especial en ese lugar, algo que me hizo estar más despierta y receptiva que nunca. Tal vez eran las canciones que tocaba el músico callejero que estaba luciéndose frente al muro. Tal vez era la historia que nos estaba contando la guía. O tal vez era lo llamativo que nos resultó el muro lleno de colores y frases. No sé exactamente qué fue lo que me causó esa enorme emoción que estaba sintiendo, pero si lugar a dudas, la unión de todas estas cosas hacía que el lugar pareciera mágico.

No, no se hizo conocido como el muro de Berlín y esto tiene una razón obvia de ser. El muro de Praga no dividió ni un país, ni polos políticos opuestos, ni familias. Este muro fue y es un muro que une. En su momento unió a aquellos jóvenes que querían manifestarse en contra del comunismo. Hoy une tanto a quienes quieran expresar sus ideas como también a todos los turistas que tienen la oportunidad, planeada o no, de visitarlo.

Foto de portada: Jose Mesa.