Violencia de género. Paridad de género. Igualdad de género. Esas son las etiquetas que la sociedad y los medios han construidos para tratar ciertas problemáticas que atañan a las mujeres: la violencia ejercida contra ellas, la sobrerrepresentación de los hombres (cisgénero) en el Congreso y la administración pública, la discriminación contra las mujeres en, por ejemplo, el mercado laboral, el deporte y el arte.

Sin embargo, estas etiquetas son erróneas, porque el género construido es más que el sexo biológico binario. El género no incluye únicamente la identificación como hombre o mujer, sino que tiene dentro de sí a todas las identidades “no cis” (transgénero, queer, etc.), es decir, a todxs aquellxs que no sienten que su identidad de género y su sexo biológico coinciden. Es importante también entender que la identidad de género no es lo mismo que la orientación sexual: una persona que nació biológicamente como hombre puede identificarse a sí misma como hombre (lo que la haría cisgénero), pero sentirse atraída por otras personas que se identifican como hombre, lo que la volvería homosexual en términos de su orientación.

Retomando: entonces, violencia de género no es lo mismo que violencia ejercida contra las mujeres; igualdad de género no es lo mismo que igualdad de la mujer con el hombre (como quiera que se definan ambas identidades). Las identidades “alternativas” a las convenciones sociales también sufren violencia por su condición de género, también son discriminadas y subrepresentadas en todas las áreas de nuestra sociedad, incluso más que las mujeres cis, desde el momento en que el Estado, las instituciones y los espacios sociales nos siguen clasificando binariamente, desde que nos piden que nos identifiquemos como hombres o mujeres cuando hay personas que no se encuentran en ninguno de esos casilleros.

¿No deberían incluirse a todos los tipos de transgéneros en estas luchas? Parece que nuestra sociedad está sufriendo un proceso lento de aceptación de estas identidades, donde es más fácil y “seguro” ir por la inclusión igualitaria y la defensa de la integridad física y psicológica de las mujeres que apostar por un avance absoluto en materia de igualdad. El feminismo aboga por los derechos de la comunidad LGTBI+, pero se enfoca, quizá estratégicamente, quizá porque es un movimiento diverso, complejo, con diferencias internas, en la lucha de la mujer, biológica o no, pero mujer al fin. Este es un debate necesario en un movimiento que avanza y consigue cada vez más.

  1. de la R.: De aquí en adelante, esta columna hablará, en general, de las luchas de la mujer y el feminismo. Por una cuestión de etiquetas, es probable que se iguale “género” a “mujer” cuando se hable de ciertas problemáticas, pero sin olvidar la diferenciación fundamental que se planteó en esta nota.
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