El título no se refiere a cuanto se invierte en una campaña electoral, ni tampoco a los sueldos de quienes ocupan aquellas posiciones de elección popular.

Se refiere en cambio, a la incidencia de la política de estilo argento en los mercados. Y ahí sí: ¿qué mercados? El que quieras: financiero, laboral, o ese en el que hacés las compras. A los fines de este análisis da igual, porque impacta en todos ellos. Impacta en nuestra realidad cotidiana.

En economía se da una distorsión del mercado cuando el accionar de uno o más agentes, en miras del beneficio propio, repercute en otros agentes. Asumiendo estos últimos el costo de ese accionar, llegando así a una asignación ineficiente de recursos. También es conocido este concepto como externalidad negativa.

¿Es nuestra política tradicional una externalidad negativa?

Allá por 1912 se sancionaba la Ley Sáenz Peña, que estableció el voto secreto, universal y obligatorio en nuestro país. A grandes rasgos, desde 1916 hasta el día de hoy, la cúpula del poder ejecutivo la ocupó el partido justicialista alrededor de unos 36 años, 23 años los militares, 22 años el radicalismo, 11 años los conservadores y 4 años la Unión Cívica Radical Intransigente. Desde que se recuperó la democracia en 1983, ocho años la Unión Cívica Radical y durante 24 años se sentaron en el sillón de Rivadavia, esos carismáticos justicialistas.

Y si todavía no te parece un dato relevante, deberías saber que, además, siempre estuvieron acompañados por una mayoría absoluta en el Senado. Una cuota de poder codiciada. Una cuota de responsabilidad por el país que hoy tenemos.

Si mis cálculos no fallan (suelen hacerlo, conste que quien les escribe aspira ser abogado) el Partido Justicialista fue formalmente Gobierno de este país en más de un tercio de su historia desde que el ciudadano argentino nativo o naturalizado mayor de 18 años ejerce el voto.

Para no realizar ningún juicio de valor que pudiera ofender a un justicialista de la primera hora, tomemos como ejemplo al Mercado de Valores argentino. Un indicador sensible a los cambios políticos en nuestro país y una vía de acceso del capital inversor. ¿Qué nos dicen las finanzas sobre nuestra política? Cada vez que se da un suceso político en el país, este mercado reacciona como si fuese un juez en un certamen de entretenimiento, nos da un voto positivo si ve con buenos ojos las consecuencias de ese suceso o negativo si pisamos la banquina y es necesario corregir el rumbo.

Todo sin perjuicio de que se debe reconocer que el mercado a veces nos infla una burbuja, y falla. Pero dejemos de lado las excepciones, el lunes 19 de junio el Merval había ganado en un 1,7% a la espera de que al día siguiente el banco Morgan Stanley Capital Investment decidiera elevar al país a la categoría de emergente y empezara a incluirlo en el benchmark, que tomaba muchos fondos a nivel global para diseñar sus carteras de inversión. Lo cierto es que esto no sucedió, Argentina se mantuvo como país de frontera y la burbuja se pinchó. Es decir las acciones cayeron hasta un 8,3%.

MSCI informó que entre octubre y febrero evaluará si nos asciende, a cambio de que Argentina incurra en ciertas reformas políticas (entre ellas la laboral), pero no fue hasta las PASO que todo se puso verde otra vez. Para reformar se necesitan senadores y diputados, y el mercado ve con buenos ojos a Cambiemos.

Si queremos despertar al desarrollo, es necesario un país atractivo al capital inversor y para eso es necesario apagar las externalidades negativas, la vieja política.

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