Siempre tuve una pequeña obsesión con las autobiografías. Ya de por sí, escribir tu propia vida desde tu propia mirada me llama la atención (y también me suena a mentira, ¿para qué negarlo?). Y, aunque no he leído muchísimas, creo que leí las suficientes como para decir que encontré una gran característica de este tipo de escritura: defenderse. ¿Pero contra quién? Eso lo descubrís leyéndolas.

Yo tenía esa idea loca de que uno escribía para defender su honor y que en ese relato de tu propia vida acomodabas todas las cartas para que tu nombre quedara bien parado. Yo tenía esa idea loca y me parecía correcta, hasta que hace un año encontré una biografía que me cambió la mirada.

Se trata de la biografía de Cornelio Saavedra, quien dedica sus memorias a sus hijos. Es claro desde el principio: sus escritos están colmados de la verdad y les debe de servir para el día en que él fallezca y su honor se vea manchado. No sé si existe la verdad absoluta, si son solo puntos de vista, o si solo quiere contar su pasado cuando ya en vida ve todo de lo que es acusado y observa sus memorias, entonces como una última oportunidad de recomponer su imagen.

Sin embargo, aunque pensé que en su biografía iba a encontrar solo componentes defensores de su honor, encontré también dos párrafos que me sorprendieron mucho. Son dos párrafos donde quita la mirada de él mismo y la deposita sobre un hombre al que admira: Santiago de Liniers. Son casi curiosas las palabras que utiliza, la intensidad con que lo apoya o justifica ante el hecho de haber sido considerado su colega ‘traidor’ por ser francés: “Se olvidaron estos ingratos que solo el francés Liniers rehusó juramento ante Beresford (…) cuando todos los fieles y leales españoles incluso los jefes de graduación se apresuraron a prestar el juramento de no tomar las armas contra los ingleses”.

Incluso dice: “…este oficial francés fue el que arrancó de los enemigos esta ciudad y después la defendió de ellos mismo, olvidándose digo, de todos estos hechos positivos, por la calidad de francés le creían desleal y traidor al rey”

¿Por qué defender a alguien más en la autobiografía que uno escribe aclarando, desde el principio, que será para defender su propio honor? Cosas así me fascinan. Llegué a pensar que, tal vez, viera en Liniers su propia imagen, como si defendiéndolo pudiera también defenderse y sacarse esa apariencia de desleal de la cual había sido acusado al igual que como ocurrió con su compañero.

Sin embargo, me gusta pensar que no. Me gusta pensar que solo lo defiende porque él lo admira, y piensa que, si Liniers no pudo dar su propia verdad, él debía darla por él.  

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