Intentar entender qué pasó en las elecciones generales en Reino Unido sin mirar el sistema electoral que hay detrás, es esencialmente lo mismo que ver un partido de futbol por la tele, en blanco y negro, a 20 metros y sin sonido: un poco frustrante, bastante confuso, y con un interés que tiende a cero exponencialmente (por lo menos en mi caso). Seguramente terminas con una idea general de quién ganó, pero te perdiste varias veces, no entendiste a quién amonestaron ni por qué, se te cruzaron cuarenta personas y no viste la repetición, es decir: no tiene gracia.

Esto es igual.

En amplios términos, el sistema electoral es el conjunto de reglas que define cómo se contabilizan los votos en una elección, y cuántas bancas en el Congreso se obtienen gracias a estos. En el Reino Unido, el sistema electoral es de carácter mayoritario: básicamente, cada distrito electoral elige un único candidato a diputados y el ganador accede al cargo obteniendo la mayor cantidad de votos, o mayoría simple. Por ejemplo: si 5 candidatos en un distrito A, y el primero saca el 25% de los votos, él accede al único escaño representativo de A, dejando al 75% de los votantes de A sin representatividad en la cámara.

Teniendo esto en mente, estos son algunos datos de la elección del jueves pasado:

  1. Ningún partido obtuvo la mayoría absoluta. El Partido Conservador (al cual pertenece la Primera Ministra Theresa May) obtuvo 318 bancas, 8 bancas menos que las que necesitaba para dominar la Cámara baja. Lo sigue el Partido Laborista con 262 bancas, el Partido Nacional Escocés con 35, el Partido Liberal Demócrata con 12, y el Partido Unionista Democrático con 10.
  2. Sin embargo, el Partido Liberal Demócrata obtuvo el 7,5% de los votos a nivel nacional, mientras el partido escocés obtuvo solo un 3%, pero ganó el triple de bancas. (Sistema electoral:1 – P.L.D: 0).
  3. UKIP, el partido derechista populista del cual Nigel Farage, principal impulsor del Brexit que solía ser líder obtuvo cero bancas, a pesar de haber recibido un poco más de medio millón de votos a nivel nacional. Mientras tanto, Plaid Cymru, un partido independentista galés, obtuvo cuatro bancas obteniendo 165 mil votos, un poco menos de un tercio de los que alcanzó UKIP.

Como resultado, el partido de May se enfrenta ahora a un percance no menor: se ve obligado a formar un gobierno minoritario y extender lazos de coalición con otro partido que le permita alcanzar las 262 bancas. El elegido: el partido irlandés Unionista Democrático. Dado a que sus otras opciones eran los Laboristas, el Liberal Demócrata (gran mayoría del voto “Stay” en el Brexit), o el Partido Nacional Escocés (vale acotar, Escocia está intentando impulsar un referéndum para independizarse del Reino Unido y quedarse en la UE), no había mucha discusión sobre la elección del aliado. Salvo que quisieran coalicionar con más de un partido, cediendo más poder político: improbable.

Pero frente a una Unión Europea firme en empezar los acuerdos de salida, un partido pequeño que ganó muchísimo poder de negociación, y a una coalición de gobierno muy nueva, el panorama para un diálogo firme con la UE se nubló mucho y muy rápido.

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