“Si querés que el presidente de Brasil no sea destituido, andá a la página 456. Si querés que sí lo sea, andá a la página 20.”

Si tan solo fuera tan predecible.

El martes 6 de junio se dió comienzo al proceso judicial, llevado adelante por el Tribunal Superior Electoral (TSE), con respecto al supuesto financiamiento ilegal de la campaña de la fórmula Rousseff-Temer. Entre las temáticas de esta primera sesión del juicio, los jueces discutieron si las declaraciones presentadas por los ejecutivos de Odebrecht podrán o no ser usadas como evidencia para el caso. Sin poder llegar a un acuerdo, la sesión fue llamada a finalizar, dejando esta incógnita para la próxima audiencia.

El futuro de Brasil pareciera estar cada día un poco más cubierto de bruma: los caminos a tomar son tambaleantes, inestables, y cada uno pareciera llevar a un porvenir cada vez más imprevisible. ¿Cuáles son las posibilidades?

Opción A: La fórmula Rousseff-Temer es inocente. La campaña no fue financiada con dinero ilegal, y Temer continúa como presidente hasta el año que viene, con un porcentaje bajísimo de popularidad y confianza por parte del pueblo brasilero. (Podemos afirmar que, dado el contexto, este escenario es casi fantasioso).

Opción B: La fórmula Rousseff-Temer es culpable. La campaña efectivamente fue financiada con dinero ilegal.

Opción B.1: Encuentran que Rousseff estaba implicada, pero Temer no. Él continúa gobernando, y el pueblo brasilero tiene más razones para desconfiar, dado que implicaría un alto grado de confianza pensar que Temer podría haber hecho campaña con la ex presidenta, sin estar al tanto de la situación. Confianza que hoy no tiene. Menos con los audios recientes implicándolo en pagos de sobornos a un testigo clave en un caso de corrupción masiva con la empresa JBS.

Opción B.2: Temer también está implicado, pero opta por apelar (pedir que la decisión se reconsidere), o los jueces extenderan el plazo para tomar una decisión. Esto retrasa la toma de una decisión concreta, y probablemente resulte en la profundización de la inestabilidad.

Opción B.3: Temer está implicado y es removido del cargo. Acorde a la Constitución de Brasil, si el mandato aún no sobrepasó los dos años (como en este caso), en caso de ser removido el presidente, el Congreso tendrá que elegir un líder para el Ejecutivo, que gobernará hasta 2018. Este sería Rodrigo Maia, presidente de la Cámara baja (vale acotar que el ex presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, fue condenado a 15 años de prisión por recibir sobornos en el escándalo de Lava Jato).

En un país donde todos los funcionarios de alto rango parecieran estar inmersos hasta el cuello en casos de corrupción, donde el pueblo brasilero (que pide elecciones a gritos) no confía en la mayoría de sus dirigentes, donde cada día parecieran explotar un poco más las instituciones representativas, el futuro se complejiza minuto a minuto. Es territorio inexplorado: habrá que pisar con cuidado.

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