Desarrollé una obsesión peligrosa por las llamas. Están por todos lados y son muy lindas.

Tan cerca y como si fuera de otro mundo, Purmamarca es uno de los pueblos más maravillosos que haya conocido. Sus colores los tengo grabados en la cabeza como si nunca me hubiera ido: sus paisajes de montañas coloradas, sus casas de tonos tierra y los artesanos con puestos coloridos en cada rincón.

Purmamarca puede ser tanto un destino de fin de semana, como la base para un viaje largo, sobre todo si tenemos auto para movernos y aprovechar para ir a conocer otros lugares como Tilcara, Humahuaca o las Salinas Grandes.

Pero el pueblo de por sí tiene mucho para ofrecernos. Sólo pasear por sus calles es una actividad pintoresca, y dar la vuelta caminando al Paseo de los Colorados nos lleva su tiempo. También se pueden contratar actividades o excursiones para hacer (rapél, escalada o parapente en zonas cercanas). Siempre hay transportes para ir a conocer pueblitos menos turísticos en los alrededores o para llegar a Tilcara y conocer el famoso Pucará, que cuesta dejarlo fuera de una visita por nuestro hermoso Noroeste.

Comida: la experiencia culinaria hay que contarla como una actividad, y es que necesitamos al menos dos días o cuatro comidas para probar todo lo típico: locro, tamales, milanesas de llama (cuya carne a su servidora le parece horrible, pero hay quienes la aman y no pueden dejar de probarla), y obvio, las empanadas norteñas que, como todos sabemos, son las mejores que hay.

Una de las mejores cenas que haya tenido en mi vida fue en lo de Gabriel, y seguro que la más escalofriante también. Empieza raro porque si querés contactarlo tenés que ir preguntando en el pueblo por él. Una vez que por fin lográs hablar con él, se fija un punto de encuentro y una hora para que te lleve hasta su casa. Lo turbio es que de repente entrás en el camino de los colorados, donde la luz más cercana está a 500 metros, y lo primero que se te pasa por la cabeza es “mañana aparezco muerta entre los cerros”. Tranquilos, no es así. Cuesta llegar, pero, una cena bajo la luz de la luna y en el medio de la nada lo vale. Además, la comida de autor que te preparan Gabriel y su esposa es de lo más rico que haya probado.

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