Domingo 12 de junio de 2015, C.A.BA.  Llegué a casa corriendo pasadas las once y media de la noche. Entré directo a la cocina, desesperado, el portero me había dicho que Brasil se estaba quedando afuera de la Copa América.

Prendo el tele y aparece Dunga, serio. Brasil afuera.

Rápidamente empecé a poner canales en la tele buscando Film&Arts ¿Se preguntarán por qué me privé de ver perder a Brasil? Al mismo tiempo estaba finalizando la ceremonia de entrega de los Tony Awards. Para los que no son fanáticos de los musicales (sí, me gustan los musicales), son como los Oscars de Broadway.

Me doy cuenta que llego al canal deseado cuando otro personaje aparece, James Corden. Éste anunciaba con una mezcla de desesperación y admiración a Barbara Straisand  para lo más esperado de la noche. Ella iba a anunciar el mejor musical del año

No había dudas, ya antes de las nominaciones se sabía que iba a arrasar en todas las categorías. El resultado llegó tan rápido como uno de sus raps…

“Hamilton”

El Beacon Theatre se vino abajo en aplausos mientras los genios de Lin-Manuel Miranda, Alex Lacamoire, Jeffrey Seller y compañía subían al escenario a recibir el premio.

“Hamilton, an american musical” es una obra de teatro musical que relata la historia del prócer norteamericano, Alexander Hamilton, desde un ángulo tan particular como creativo. Este hombre fue el primer secretario del tesoro, el creador del sistema financiero que rige en Estados Unidos, la mano derecha de Washington y escribió más de la mitad de “El Federalista”. Más allá de todos sus logros, mayormente es recordado por estar en el billete de diez dólares.

Lin-Manuel Miranda y todo el equipo de Hamilton hicieron algo de admirar. No sólo patearon el tablero del mundo de los musicales, sino que lograron que nos pareciera lógico escuchar a Jefferson rapear; hicieron que creyéramos que era posible que Washington pareciera salido de una banda pop y que Aaron Burr, Madison, Lafayette podían ser negros cuando la esclavitud era la moda.

La obra generó que se hablara de historia en contextos donde antes no se hablaba. Principalmente, rescato el fanatismo que se generó en la juventud. Con lo mal visto que están los fanatismos, siento que este en particular llevó a que chicos y adolescentes vean la historia, la política o la economía desde otra perspectiva. Más aún cuando la neurociencia está replanteando a nivel mundial las formas de aprendizaje, Hamilton vino como anillo al dedo. Esta obra no sólo sirve como herramienta para enseñar, sino que dada la forma en la que fue escrita es un modelo válido de aprendizaje. Tarea: investigar sobre San Martin y escribir un musical. Creo que nos sorprendería la cantidad de cosas que podemos llegar a descubrir.

Hoy Hamilton nos interpela constantemente en nuestras vidas cotidianas. En un momento donde nos encontramos en una sociedad convulsionada a nivel mundial y dividida a nivel doméstico, logra mostrarnos que un chico huérfano salido de la nada y azotado por huracanes, puede ser el impulsor del sistema republicano y del sistema económico, el que con sus “auto transformaciones” y vida propia rige en Estados Unidos y en nuestras vidas. Nos muestra que un sastre puede ser el hombre clave en la liberación de un pueblo, que un inmigrante (por mas irónico que suene en la actualidad norteamericana) puede significar el arma secreta para destrabar una batalla perdida.

Soy alguien que admira mucho que una sociedad, en este caso la estadounidense, tenga la mente y la capacidad de poder asombrarse y así dar lugar a creaciones autóctonas como Hamilton. De hablar de la historia propia, de reinterpretarla, de entenderla desde un lugar único, con palabras únicas. Ellos logran a través de distintas expresiones artísticas poder volver a analizar, con distancia y altura, su propio pasado y además transformarla en un éxodo musical y literario.

Creo que la reinterpretación de nuestra historia es algo que tenemos que empezar a ver en las aulas de los colegios. Es necesario para empezar a madurar como país tener una mirada mas moderna y realista de nuestro pasado y, sobre todo, que esté al alcance de todos. Considero que para sanar nuestras heridas como sociedad tenemos que darnos la posibilidad de mirar hacia atrás con una mirada crítica y al mismo tiempo respetuosa y entender el por qué de todo lo que pasó para transformar el peso de la historia en una herramienta para progresar.

Para esto, como sociedad tenemos que empezar a sacar la historia del aula y llevarla a lugares diferentes, donde esta pueda ser sometida a otro tipo de interrogatorios. Además de que puede ser necesaria una reinterpretación técnica de esta, tenemos que empezar a interpelarla en distintos ámbitos para que esto suceda. Y no estoy hablando solo de hechos cercanos como puede ser el último golpe de estado, sino la vida y logros de los próceres que fundaron nuestra nación. Parece que lo único que sabemos es que San Martin cruzó Los Andes, Belgrano creó nuestra bandera, Sarmiento fundó la escuela Normal, Roca hizo La Campaña del Desierto y que Moreno y Saavedra no eran amigos.

Es verdad que tenemos una historia joven en comparación con otras sociedades y eso dificulta ver con distancia los hechos. No obstante, me parece que es un ejercicio que debería ser incentivado y, como siempre, todos los caminos llevan a la escuela. La educación es la piedra fundamental de los valores nacionales, desde donde se desarrollan las mentes que van a poblar la Argentina del futuro y que hoy, son las que cuestionan a sus papás. Ni Del Moro, ni Fantino, hacen preguntas tan incisivas y sin piedad como los nenes. La juventud, e inclusive la niñez pueden ser la llave de determinados cambios culturales.

Siento que las ramas artísticas, mezcladas con una historia interpretada de manera crítica, pueden ser un nicho donde encontremos respuestas y soluciones a nuestro convulsionado pasado que ayuden a modelar nuestro futuro.

Si hay algo claro en Hamilton es que la historia no solo se hace, sino que tambien se cuenta, y la cuentan los que están vivos. Hoy nos toca a nosotros. “Who lives, who dies, who tells your story”.

Foto de portada: Travis Wise .