Gracias a un drástico cambio, el 10 de junio de 1945 se transformó en el día más caótico para manejar en la historia argentina. Tan drástico fue este cambio que los resultados del mismo se siguen apreciando hoy en cualquier fotografía de la época e incluso si se comparan los autos comercializados antes de esta fecha con los actuales. El 10 de junio de 1945 nos convertimos en un país un poco menos British y cambiamos el sentido de circulación de nuestras calles. A partir de las 00hs de ese día, se circularía por la derecha y los autos llevarían el volante a su izquierda. Hoy el único vestigio que queda de esto son nuestros trenes, que siguen circulando “a la inglesa”.

Quizás suene extraño hoy en día el concepto de manejar por la izquierda y lo consideremos una curiosidad de las ex colonias británicas, pero hasta hace poco más de 250 años era la norma convencional en todo el mundo. En las sociedades feudales, donde la violencia era moneda corriente, los jinetes circulaban por la izquierda para tener su espada, llevada en su mano derecha, lista en caso de un ataque sorpresivo de otro jinete que viniese en la dirección contraria. Pero luego vino la revolución industrial, reemplazando las justas y los enfrentamientos por el comercio y su imperante necesidad de trasladar grandes cantidades de mercancías.

En esta nueva era industrial, el tránsito ya no estaba compuesto casi en su totalidad de jinetes solitarios, sino que había sido reemplazado por carros tirados de múltiples caballos. Los conductores de estos carros preferían sentarse en la parte trasera izquierda de los mismos para poder sostener más cómodas las riendas, llevadas en la mano derecha. Al viajar de esta manera, les era más conveniente que los carros que viajasen en la dirección contraría pasasen a su izquierda, para poder mirar directamente hacia abajo y asegurarse que los carros chocaran. Así fue como Estados Unidos y Francia fueron los primeros países en reglamentar que el transporte terrestre se manejara por la izquierda, regulación a la que, lentamente, se apegó el resto del mundo, siendo nosotros los últimos en hacerlo en Sudamérica. Fue en esa madrugada casi invernal que la Argentina dio un nuevo paso lejos de la tradición hacia la modernidad.

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