Hace un par de meses le escribí por LinkedIn a una ex colega de un laburo anterior, llamémosla Micaela, por ponerle un nombre. Mi objetivo era ponerla en contacto con otra ex compañera de un trabajo más reciente (llamémosla Florencia), a quien yo estaba mentoreando informalmente. Mica y Flor trabajan en la misma industria, pero mientras Flor recién está dando sus primeros pasos en el mundo laboral, Mica no solo tiene varios años de experiencia, sino que mucho más importante, conoce muy bien el rubro.

Al día de la fecha, Micaela sigue sin responder. Mientras que puede ser cierto que Mica sea de esos que solo se acuerdan que LinkedIn existe el día que tienen que buscar laburo, también es muy probable que haya leído mi mensaje y pensado “Mira si voy a hacerle un favor a esta mina, si no éramos amigas”.

En esa frase se esconden los dos principales problemas de los argentinos respecto al networking: creer que armar relaciones laborales es “hacer favores”, y reducir el alcance de su red a sus amigos y parientes.

Keith Ferrazzi, “gurú” del networking y autor de “Never Eat Alone” (nunca comas solo), critica a quienes ven a los contactos propios como un patrimonio finito, y a las recomendaciones como favores. El autor, que pasa todo el libro explicando cómo avanzó su carrera en base a conectarse efectivamente con otra gente, ve al networking no como un juego de suma cero, sino como uno cooperativo, en el cual todos estamos mejor cuando cooperamos, pero (y esto es lo importante) el que no coopera, a fin de cuentas, termina peor: aislado y habiendo creado poca buena voluntad.

Aconsejar a alguien, tomar un café para charlar de trabajo sin una agenda mucho más ambiciosa que conocer la opinión de alguien que puede tener una perspectiva diferente a la mía. El networking se nutre de pequeñas cosas: tiene que tener objetivos más o menos claros, pero nunca ser una demanda explícita, menos de trabajo.

“Tu amiga me va a conseguir laburo?” Me preguntó Flor cuando le comenté que la había puesto en contacto con Mica. No, no y no. Contactarse con alguien para pedir que te dé un trabajo de una, es lo mismo que abrir en el boliche con un “¿querés venir a casa?”. Se entiende lo que estás buscando pero, en general, las demandas a boca de jarro nos hacen a todos sentir poco valorados por lo que somos. Es mejor apuntar a entablar una relación diciendo “contáme sobre lo que haces/ tu carrera, suena interesante/cómo llegaste a donde estás ahora” (¡y escuchar con ganas la respuesta!). Además, en el caso de las personas que no te conocen tanto, hay que lograr demostrar primero quién es uno, qué busca y qué tiene para aportar al potencial trabajo.

Ver al networking como “favores que uno le hace a sus amigos para conseguir trabajo” es limitar muchísimo el potencial de lo que en realidad es la práctica de tender redes en donde no las hay. Extender los vínculos positivos en el plano laboral más allá de las personas con las que te juntarías el domingo a comer un asado tiene el potencial de aumentar de manera exponencial tus oportunidades: es una cuenta fácil, si conoces 5 personas que trabajan en lo tuyo, y cada uno de ellos tiene 5 personas que podría presentarte, significa que tenés una red potencial de 25.

Al mismo tiempo que cierra nuestras oportunidades personales, el networking de amigos refuerza las desigualdades sociales: los más conectados siguen conectados a través de vínculos fuertes de amistad, y los menos conectados tienen barreras de entrada mucho más altas que ser buenos en su trabajo, y generar contactos profesionales: tienen que pasar filtros que poco tienen que ver con el desempeño laborar y más con lo social, es decir el “amigarse” para acceder.

Liberar la idea de networking del concepto de “favor” y ampliarlo a relaciones basadas en intereses laborales compartidos con gente que te puede caer mejor o peor, nos permite abordarlo de una manera más relajada y objetiva. Al mismo tiempo, nos abre a nuevas personas y a intercambios distintos, de diversas intensidades. Entender que no solo podemos hablar de trabajo y dar una mano (¡o pedir una mano!) a quienes tratamos de manera frecuente de manera personal, nos enriquece a todos. Y en al caso de aquellos que cuentan con menor capital social de entrada, es crucial para poder desarrollarse.

 

Foto de portada: geralt. .