La mayoría de la gente ve al auto como una heladera o una licuadora, una simple máquina más. Para una persona promedio, no es vital conocer la diferencia entre los nuevos modelos de celulares o procesadores de computadora, sin embargo, al momento de comprar un auto, hay tres siglas que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte: ESP.

El ESP, o control de estabilidad, actúa frenando individualmente las ruedas de un auto para ajustar su trayectoria y de esta manera evitar que pierda el control ante una maniobra brusca o si se encuentra la calzada resbaladiza. Maniobras así, son extremadamente comunes en la Argentina, donde más de 7000 personas al año mueren en accidentes de tránsito, muchas de ellas en nuestras rutas “mano y contramano” al cruzarse uno de los vehículos a la vía contraria, sea por lluvia o por “morder” la banquina.

Según un informe de la agencia de aseguradoras de EEUU (IIHS), un 30% de los accidentes fatales y un 80% de los vuelcos podrían evitarse si todos los autos viniesen de serie con este dispositivo. De hecho, la Unión Europea obligó a incorporarlo en todos los 0km que se vendieran en la región en 2012 y EEUU lo hizo en 2014. En la Argentina, mientras tanto, seguimos esperando. En los segmentos inferiores continúa habiendo muchos autos, como el Volkswagen Gol, que no vienen con ESP en ninguna de sus versiones y, aunque sea más raro, hay vehículos más caros como la versión de entrada de gama de la Honda CRV que tampoco. Mientras la ley no obligue a las automotrices a equipar un dispositivo que tiene un costo de tan sólo 60 dólares, corre por nuestra cuenta no comprar autos que no lo equipen y recordar a los demás que hagan lo mismo. A fin de cuentas, la seguridad vial se hace entre todos.

 

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