¿Cuál es la parte más cara de un 0km en la Argentina? ¿Es la chapa? No. ¿El motor? Tampoco. Sin importar si es nacional o importado, si es una camioneta o un citycar, la parte más cara del auto son los impuestos. Recientemente, Ámbito Financiero publicó una nota donde explicaban que el 35% del valor de un auto nuevo (54% de tasa efectiva impositiva) iba directamente, no a los bolsillos de la respectiva automotriz, sino a Uncle Sam o, más bien en este caso, al Tío Mauri. El problema es que Ámbito se quedó corto. El diario olvidó mencionar dos impuestos brutales que no aplican a todos los autos: el 35% de arancel que se aplica a los autos “extrazona” (fuera del Mercosur) o el impuesto interno que va del 10 al 20% a cualquier auto que exceda los 500 mil pesos, o también olvidó mencionar el 3 a 5% que hay en patentamiento y “formularios varios”. Hay autos en el mercado que superan el doble de su valor de entrada al puerto tan solo en impuestos.

El Estado viene siendo socio mayoritario de las importadoras y terminales que comercializan autos en la Argentina desde hace mucho tiempo, sin importar color o partido político. Cada administración sucesiva se ha encargado de subir gradualmente los impuestos, creando nuevos aranceles y tributos al punto que hoy la Argentina es uno de los cinco países con los autos más caros del mundo. Es fácil pensar esta problemática de los impuestos como algo que afecta a un bien de semi-lujo, pero cuando es por culpa de estos impuestos que el consumidor argentino medio sólo logra acceder a autos con seguridad paupérrima (habrá una columna sobre eso más adelante) se convierte en un tema que debe tratarse seriamente. En los últimos meses se han propuesto medidas que son avances, aunque pequeños, en la dirección correcta pero no es suficiente. Tener autos más baratos no sólo causa un aumento en las ventas y producción, también logra reducir la cantidad de accidentes en nuestras calles, rutas y autopistas.

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