Persona X: “Y vos, ¿de qué trabajás?”

Yo: “Soy voluntaria en un sitio de periodismo de datos…”

X: “Mirá, ¡qué interesante! Sos como una pasante, digamos.”

Yo: “No, no, no soy pasante, soy voluntaria, trabajo unas 10 horas semanales nada más.”

X: “Ah… ¿y te pagan bien?”

Yo: “No me pagan…es voluntario…”

 

Con ese tipo de preguntas y respuestas me encuentro desde hace más de un año cuando empecé la gran travesía del trabajo ad honorem. Dos voluntariados y medio después, con todo tipo de experiencias en los hombros, los voy a tratar de convencer de que, tal vez, el trabajo no remunerado puede ser una gran idea (al menos para empezar).

Qué es y qué NO es un voluntariado

Cuando uno piensa en un voluntariado, su mente inmediatamente se va hacia la caridad u organizaciones muy presentes en nuestro imaginario colectivo, como Greenpeace o Techo para mi País. Pero, en realidad, hay muchos otros trabajos voluntarios que distan mucho de usar martillos o juntar firmas en contra de Shell. Hay sitios web, ONGs políticas, think tanks y hasta organismos públicos que buscan constantemente voluntarios para dar una mano en tareas de lo más diversas. Éstas, en general, están muy relacionadas con el tipo de cosas que futuros politólogos, economistas o abogados pueden encontrarse en la vida laboral luego de recibirse.

Un voluntariado es un tipo de trabajo no remunerado (salvo escasas excepciones), con una dedicación promedio de diez horas semanales, que puede ser presencial o remoto. Las dinámicas de trabajo varían enormemente de organización en organización, así como las tareas, que suelen ser, más bien, asistenciales. Además, no requieren de ningún tipo de experiencia previa, sino de buena voluntad y proactividad.

Un voluntariado no es trabajar gratis, sino trabajar por la experiencia o incluso por placer. Un voluntariado tampoco es trabajar cuándo o cómo uno quiere, sino que se lo debe tomar con la misma responsabilidad y con el mismo esfuerzo que a cualquier otro trabajo remunerado. Si no podés ir un día porque te cambiaron una clase, o no vas a ir en las dos semanas de parciales para estudiar, tenés que avisar. Poco vale ser voluntario si lo hacés porque sí; es muy importante tener una motivación interior, ya que se sabe que no hay un incentivo económico de por medio.

Por qué decirle sí a un voluntariado

Los voluntariados tienen, a mi entender, dos grandes desventajas. La primera es obvia: no hay sueldo. Si querés empezar a trabajar para ganar tu plata e independizarte de a poco, este no es el mejor camino a tomar. La segunda es compartida con varias pasantías: las tareas no siempre son de lo más entretenido y estimulante, y puede pasar que no recibas atención de tus superiores, sobre todo cuando la modalidad es en remoto. Sin embargo, creo que todos deberían tener al menos una experiencia como voluntario mientras está en la universidad.

En primer lugar, ser voluntario te permite tener una primera experiencia laboral de manera bastante flexible. En general, los horarios los fijas vos y pueden ir cambiando de acuerdo a tus necesidades. Además, en época de exámenes, suele darse por sentado que uno va a estar ausente. Al ser una dedicación de pocas horas semanales e incluso con la posibilidad de trabajar en remoto, el voluntariado te permite dedicarte a la universidad e ir acumulando experiencia al mismo tiempo, sin estresarte de más.

En segundo lugar, no hay un contrato. Si decidís terminar el voluntariado porque conseguiste otro laburo, no te estaba gustando lo que estabas haciendo o te quitaba tiempo de estudio, no tenés que preocuparte por terminar una relación contractual. Con avisar con un poco de antelación, está perfecto.

En tercer lugar, ser voluntario te permite tener una primera experiencia en organizaciones a las que quizá, de otra forma, no podrías acceder. Es una excelente forma de ir descubriendo qué es lo que te gusta hacer (¡y qué no!) y de encontrarte con gente como vos, que puede ayudarte a abrir camino en ese tan temido mundo laboral que nos tiene preocupados, a la mayoría, durante toda la carrera. En oportunidades, el voluntariado puede ser también el primer paso de una carrera laboral dentro de la organización donde decidiste trabajar.

Por último, el voluntariado deja una gran satisfacción personal. Más allá de que muchos te traten como a un héroe nacional por trabajar gratis, no es cierto que uno trabaja por nada a cambio: simplemente, en vez de ganar dinero, ganamos experiencia. Además, muchas de las organizaciones donde podés ser voluntario trabajan por el bien público, la democracia, la justicia… La sensación de estar trabajando por una causa mayor, una gran causa, vale cada hora que uno pasa armando un Excel en vez de estar haciendo una maratón de Netflix.

Dónde podés ser voluntario

Si hice bien mi trabajo y te convencí de hacer un voluntariado el próximo cuatrimestre, estos son algunos de los lugares donde podés empezar:

 

Foto de portada: Pmbbun. .