Estaría bueno hablar un poco sobre las ideas feministas básicas. La misma palabra tiene una mala reputación. “Feminismo”. Como espejando al machismo, parece ser para algunos una doctrina que proclama una Amazonia regocijándose mientras se para sobre sus esclavos hombres. Pero esa imagen no es ni un poquito adecuada.

El feminismo adquirió su nombre porque comenzó luchando pura y específicamente por los derechos de la mujer. Al principio, las cosas por las que se luchaban quizás hoy parezcan comunes, pero hay que tener en cuenta que cuando empezó todo esto, las mujeres no podían ni votar: he ahí una de las primeras luchas, y la primera victoria masiva.

Desde sus comienzos, lo que buscó el movimiento fue tener un suelo igual donde se puedan parar hombres y mujeres, sin desventajas intrínsecas a un género. Más recientemente, el feminismo coemnzó a fusionarse con la lucha por los derechos LGBT+, que plantean no sólo igualdad de género, sino igualdad de derechos de las distintas sexualidades, la idea que hay más de dos géneros, y hasta que no existe tal cosa como el género.

Es un buen momento para aclarar que, como cualquier movimiento ideológico, el feminismo tiene muchas vertientes. Dentro de ellas también hay quienes no consideran que la lucha deba unificarse con la LGBT+. Acá es donde hago la distinción teórica, y explicito: yo hablo por este feminismo más inclusivo. Hablo por la lucha que conserva su nombre, pero que ahora es un gran paraguas para defender tanto a la mujer como a las lesbianas, transgénero, asexuales, intersex, y muchxs más.

La idea básica de este feminismo es que todos los humanos somos iguales y debemos ser tratados así. Plantea que hay un sistema hegemónico que se llama “patriarcado” que organiza a la sociedad beneficiando a los hombres heterosexuales –si se puede, blancos–, jerarquizando al hombre por encima de la mujer. Una segunda idea es que, más allá de la solidez o no de las categorizaciones biológicas entre “hombre” y “mujer”, hay comportamientos esperados del hombre y de la mujer que exceden esas consideraciones básicas. Un gran ejemplo es que “mujer biológica” puede ser aquella que pueda tener hijos, pero no por eso tiene que quedarse en su casa cuidándolos. Otro puede ser la concepción de que el hombre tiene que ser frontal y “conquistar” a la mujer, mientras la mujer debe sumisamente esperar que la elijan. Este salto lógico entre los presuntos genitales y el accionar genera lo que se llaman “roles de género”: pautas de lo que alguien debe o no hacer dependiendo si se lo/a identifica como hombre o mujer.

La fusión con la agenda LGBT+ amplía el concepto de género: ya no se considera binario (hombre o mujer), sino fluido y personal. Además, se complejiza la visión sobre la atracción y sexualidad. Ahora ya no hay hombres y mujeres, sino que cada persona individual tiene género, expresión de género, atracción romántica, atracción sexual, y sexo. Todas estas categorías son personales, constando de valores neutros y mayores o menores grados de masculinidad y femineidad, que no tienen por qué alinearse entre sí. Alguien puede considerarse hombre, tener una expresión de género femenina y atracción romántica hacia las mujeres, pero no tener atracción sexual alguna y haber nacido intersex. Y eso está bien.

El problema es que el género es una construcción social que se retroalimenta: al haber nacido en esta sociedad todos somos, por default, machistas. El feminismo es también, entonces, la actividad de identificar el machismo dentro de uno/a mismo/a y corregirlo constantemente con el fin de paulatinamente ir revirtiendo las injusticias que genera el patriarcado.

Como mencioné en mi ejemplo más arriba, es importante remarcar que la opresión no sólo es sufrida por las mujeres o la gente que pertenece a una minoría. El mismo hombre heterosexual y blanco es oprimido. Ciertamente la lista de privilegios de este hombre es muchísimo mayor a la de cualquier otro grupo, pero a lo que voy es que el sistema también condiciona el accionar de esta persona. Por ser hombre ya se espera que actúe de cierta manera y, en última instancia, él también está oprimido.

Pero la lucha feminista no tiene como principal objetivo sanar las pocas dolencias del hombre privilegiado. No porque no sean importantes, sino porque hay cosas que lo son más. La violencia de género y femicidios son dos grandes problemas que se desprenden, justamente, de esta visión de la mujer como inferior. Los abusos, las redes de trata y la cosificación de la mujer surgen de la concepción del hombre como un animal sexual, y de que es esperable que necesite calmar sus ansias con una mujer –de manera consensual o no–. Los “piropos” por la calle a las mujeres reflejan a los hombres haciendo uso de su poder sobre la mujer, diciéndole groserías mientras pasan sin otorgarles el respeto de permitirles responder.

De manera más sutil que en los ejemplos anteriores, esta estructura hegemónica se ve cuando las mujeres ganan menos que los hombres por hacer literalmente el mismo trabajo. La famosa wage gap o brecha salarial. Este tema es, en realidad, algo más complejo de lo que parece, y se merece un artículo propio. Pero el concepto base es que las mujeres están desfavorecidas en el mundo laboral simplemente por su género.

De manera muy resumida expuse aquí algunos de los argumentos centrales de este movimiento amplio, con una gran historia, y definitivamente no monolítico. Hay versiones más radicales, otras menos. También difieren diferentes corrientes en su visión sobre la familia y su rol como pilar de la organización social moderna. Pero todos comparten la misma idea: igualdad. La razón de ser de este artículo es aclarar cuáles son las bases del movimiento, para poder desestigmatizar el nombre; y dejar ver el ideal que se esconde detrás.

El cambio es lento, sí. Pero es seguro que si nadie habla de estos temas y nadie se moviliza, aunque sea un poquito, el cambio va a ser nulo.

Así que ya saben: a hablar y a moverse… ¡hay un sistema que cambiar!

Foto Feminismo por Penn State en Flickr

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