En 2009 Juan Martin del Potro conoció la gloria, se coronó campeón de un Grand Slam ganándole una final maratónica ni más ni menos que a Roger Federer. La prensa mundial hablaba de él. Un tenista adorado por el público y temido por los hombres mejor posicionados en el ranking mundial. Era completo tenísticamente hablando, un saque formidable y una de las derechas más fuertes del circuito. Todos lo apuntaban como un potencial número uno. Pero su físico decidió que su camino no sería tan sencillo, desde 2010 comenzó a padecer complicaciones en sus muñecas que lo forzaron a descender al puesto 258 del ranking mundial. Así, en dos años “Delpo” pasó de estar en lo más alto de su carrera a desaparecer de las canchas.

A los fanáticos nos agradaba pensar que cada una de las veces que intentó volver al ruedo volveríamos a ver al mismo: hambriento de gloria, peligroso para todo oponente y siempre aclamado por el público. Sin embargo, para ser realistas esto recién ocurrió este año. Juan Martin anunció con un video en las redes sociales que volvería a ruedo. Participó en la serie de Copa Davis ante Italia, contribuyendo para concretar el pase a semifinal, pronta a jugarse en Gran Bretaña. Jugando poco, Del Potro llegó a Rio de Janeiro gracias a la confianza de Daniel Orsanic (capitán del equipo argentino de tenis).

Ya en Río, se sorteó el cuadro principal con malas noticias para Del Potro, ya que Novak Djokovic sería su rival en primera ronda. Para los argentinos que estábamos esperanzados con la participación del tandilense en los juegos olímpicos fue un golpe duro. Había expectativas de un gran partido, pero claramente el serbio era el gran favorito, no solo para primera ronda, sino para ganar el oro. Sin embargo, las sorpresas estaban a punto de comenzar. Fueron dos largos sets, donde ninguno de los jugadores se pudo imponer sustancialmente en la cancha, pero fue Del Potro quien pudo obtener los puntos clave en el tie-break y se llevó el partido. “Punto, set y partido” sentenció el árbitro y no había nada mejor que hacer que mirar la cara de Juan Martin que no podía creer lo que estaba sucediendo. La ovación del público invadió las canchas y todas las cámaras,  y una vez más volvieron a apuntar a quien, alguna vez, supo ser número 4 del mundo.

La emoción era muy grande. Del Potro mismo confesó no poder creer lo que sucedía, pero la realidad, es que el torneo acababa de comenzar. El camino no fue fácil, pero en menos de una semana Juan Martin estaba, una vez más, en una semifinal olímpica ante el gran Rafa Nadal. Si el partido de primera ronda había sido increíble, la semifinal fue superlativa. Fue uno de los partidos de tenis más apasionantes del año. Delpo tuvo esa cuota de suerte necesaria, y esa capacidad especial de jugar bien los puntos clave y se llevó el partido, para asegurarse a él y a Argentina, una nueva medalla olímpica.

La final se jugaba a cinco sets, otra mala noticia para Juan Martin, con su poco entrenamiento y su desgaste a lo largo del torneo que no lo dejaban bien posicionado, más sabiendo que su rival seria Andy Murray. Fue un partido formidable. Del Potro dio batalla a pesar de su cansancio. Las piernas no le respondían y no pudo conseguir el oro, pero de todos modos, no dio ni un solo punto por perdido y lucho hasta el final. El reconocimiento del público a la Torre de Tandil cuando le dieron la medalla de plata no fue más que el reflejo de la entrega que se había visto en la cancha, ni menos.

Tras haber jugado un torneo demostrando tan alto nivel se dio lo que se esperaba, y la organización del US Open le otorgó a Juan Martin una invitación a participar del torneo. Del Potro llegó con cansancio acumulado y con pocas expectativas, ya que con todos los jugadores que se enfrentaría estarían mejor posicionados en el ranking. A pesar de esto, hoy se encuentra en cuartos de final. El partido más difícil que tuvo, sin dudas fue el enfrentamiento por tercera ronda ante David Ferrer, la muralla española que todo devuelve, que sabe defenderse como nadie. Fue aquí donde todos confirmamos que realmente, la torre estaba de vuelta. Mostró solvencia, una fortaleza psicológica para levantar el marcador que no lo favorecía y, lo más importante, volvió a mostrar la derecha, volvieron sus puntos fuertes, sus saques imparables. Tampoco se puede pasar por alto el partido de octavos de final, sobre el cual había gran expectativa, ya que Delpo se enfrentaría al joven Thiem. Desafortunadamente, el austríaco no logró terminar el partido por molestias en una rodilla, otorgándole así el paso a cuartos de final a Juan Martin. A pesar del final inesperado, rescato el tenis que se jugó a lo largo del partido, que no fue fácil mientras duró, pero el tandilense había logrado tomar ventaja y estaba jugando bien. En un torneo donde la torre viene de menos a más, lucirse con su tenis es fundamental.

Partidos difíciles vendrán, ya que es un torneo donde solo participan los mejores del mundo, pero la buena noticia ya es conocida, ya es titular en todos los diarios deportivos del mundo: Juan Martin Del Potro está de vuelta para complicar a los mejores, para escalar en el ranking, para demostrar que se pude volver de grandes lesiones con más fuerza que nunca. Del Potro volvió con gran fortaleza mental, sabe muy bien a dónde quiere llegar y está dispuesto a dar todo de sí para conseguirlo. A nosotros, como espectadores, simplemente nos queda disfrutar.

Foto por Bryan Cedeno en Flickr

 

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