Hace algunos meses que la estudiante francesa Gnilane Faye, de 24 años y de piel negra, vive en Buenos Aires. Nunca en toda su vida encontró tanto cariño de parte de las personas de la calle como en las calles porteñas. “No existe racismo hacia los negros en Argentina.”  Según ella, al contrario del caso de Francia, no existe racismo hacia los negros en Argentina sino más hacia los peruanos, paraguayos y bolivianos.

Gnilane ha vivido en Francia la mayor parte de su vida, pero también seis meses en Sudáfrica y ahora seis meses en Buenos Aires. Le parece que el racismo cambia según los países. Las discriminaciones en la sociedad y en el trabajo, vinculadas por los orígenes o las características étnicas, existen en todos los países pero con matices.

 

Antes de venir a Argentina, ¿tenías miedo de cómo pasarías tus meses allá con respecto al racismo?

Claro. Desafortunadamente, en todos los países hay racismo. Por eso, antes de venir me fijé en internet cómo era la situación en Buenos Aires. La gente decía que no había personas con piel negra en Buenos Aires. Para recopilar información antes de irme a Buenos Aires, fui a la embajada de Argentina en París y una mujer que trabajaba allá me dijo que ella vivió dos años acá y nunca encontró negros. Tenía miedo de no tener vida social, de ser marginalizada y de ser percibida de mala manera a causa de la piel que tengo.

 

¿Puedes explicarnos cómo es el racismo en Francia?

El racismo en Francia es una hostilidad hacia las personas que tienen una apariencia diferente del “francés blanco tradicional”. Es decir, en particular hacia los negros y los árabes. Se puede explicar por el miedo a lo desconocido o por el hecho de que algunas personas no están acostumbradas a vivir con personas de color. Y, como chica negra, puedo entenderlo. Los racistas en Francia dicen siempre que las personas de color roban y hacen cosas malas. Uno de los ejemplo más llamativos es que, frecuentemente, cuando una persona de color entra en una tienda prestigiosa (como en Francia Les Galeries Lafayette, Printemps…), a veces un agente de seguridad camina detrás de ti para ver si vas a robar algo. ¡En serio! Otro ejemplo es que yo, como la mayoría de mis amigos de color, no ponemos nuestra foto en nuestro currículum porque a veces, no se logra encontrar trabajo a causa del color de la piel.

 

¿Encontraste otros negros en Argentina?

No mucho, vi algunos por la calle a veces; en particular en el barrio de Flores, que venden accesorios. Pero siempre son inmigrantes, no son “afro-argentinos”. Cuando la gente en la calle me ve, piensa siempre que no puedo ser argentina porque soy negra aunque mis amigas extranjeras blancas de acá sí podrían serlo. Y en este sentido, me parece que le falta algo a la población argentina; la diversidad no es completa.

 

Al final, hace tres meses que vives acá en Buenos Aires, ¿encontraste racismo hacia las personas de piel negra o no?

Nunca. Al contrario, encontré mucho cariño, muchos elogios: la gente me sonríe, me saluda, se quiere sacar fotos conmigo… porque la gente no ve a muchas personas como yo. En verdad, ayuda a mi autoestima (risas). Una pequeña anécdota es que un día entré en una verdulería cerca de mi casa para conocer los precios, el señor de la tienda me preguntó sobre mis orígenes y me dijo “¡te veo muy linda!”. Desde ese momento, cada vez que paso delante de la tienda, el hombre sale porque quiere un beso mío y me dice: “¡la linda chica negra!” ¡Qué simpático!

 

Entonces, para vos, ¿no hay racismo en Argentina?

No es lo que digo. El racismo acá es diferente del que existe en Francia. En Argentina el rechazo es hacia los paraguayos, bolivianos, peruanos. Los argentinos desconfían de esas personas que no son tan blanquitos, sino más negritos. Los miran de manera diferente y hostil. No tiene nada que ver con la manera que me miran a mí. Y es raro ver que usan las palabras “negros” y “cabecitas negras” para definir a las personas con la piel o el cabello oscuro y que pertenecen a las clases pobres y trabajadoras; aunque no sean verdaderos negros. En este sentido, me parece que, cuando lo dicen como un insulto, fomenta el racismo.

 

Argentina es un país que se construyó con la inmigración, ¿no te parece raro que exista racismo en este tipo de país?

Sí, claro. Pero es como en los EE.UU.. Ambos son un melting pot. Racismo, por desgracia, existe y seguirá existiendo. Tanto en E.E.U.U. como en Argentina. Es un fenómeno humano. Me parece que traduce el miedo y la desconfianza de la población. Se dice que los inmigrantes toman sus trabajos, recaudan todas las ayudas sociales, aumentan el nivel de criminalidad…  Es por eso que, de manera general, las personas resultantes de las principales corrientes inmigratorias son víctimas de racismo. Eso es lo que utiliza, hoy en día, el partido político francés de extrema derecha, el Front Nacional, que está en contra de la gente de color por ejemplo. Pero hay que añadir que Argentina no ha olvidado sus orígenes: es uno de los únicos países del mundo que organiza todo los años una Fiesta Nacional del Inmigrante (todos los 4 de Septiembre, en Oberá, Misiones).

 

Viviste seis meses en África del Sur, conocido por haber sido el país del apartheid; ¿cómo viviste el día a día con el racismo allá?

Aunque hace más de veinte años que se terminó el apartheid, siguen existiendo en el país segregaciones y divisiones enormes entre los blancos (que tienen dinero y pueden pagar por una buena educación) y las personas de color. Hay barrios caros para los blancos, supermercados más caros para los blancos, restaurantes caros también para los blancos… Hay que conocer tu lugar: blancos por acá, negros por allá. Yo, lo viví muy mal. En Francia, todo el mundo está más o menos considerado igual; yo no tenía la costumbre de que me diferenciaran. Por ejemplo, un día fui a un restaurante caro (entonces, para blancos) y cuando entré, el jefe vino a preguntarme “¿por qué estas acá?”. Le expliqué que tenía un encuentro con alguien y, como la persona no había llegado, yo tenía que esperarla. El hombre no quería que me quedara, y no dejó de mirarme muy mal durante los 15 minutos que estuve esperando hasta que llegó mi amigo blanco. ¡Qué malo! ¡Imaginate! Algo que también me marcó es que el racismo no es “algo para los blancos”; existe también un racismo entre los negros. Hubo, hace algunos días, conflictos en Sudáfrica entre negros de Johannesburgo e inmigrantes negros. Desgraciadamente, el racismo es humano.

 

¿Cómo se puede intentar suprimir el racismo en este mundo que se va globalizando más cada día?

Si la respuesta fuera tan fácil, seguro que ya no existiría racismo en el mundo. Pero a mí me parece que la educación es la llave. Más educación implicaría más tolerancia y, entonces, menos racismo. También, los gobiernos tienen un papel. Por ejemplo, en Argentina existe el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo). Esto muestra que existe una conciencia antirracista. ¡Tenemos que animarla!

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