Toda innovación tiene sus ganadores y sus perdedores. Existen casos en los que se ve claramente, como las máquinas como sustitutos de los hombres en las fábricas, y casos en los que no es tan obvio, como el portal Despegar con las agencias de turismo. En el primer caso, se encuentran ventajas muy grandes como la automatización de procesos que lleva a la reducción de costos, permitiendo a su vez, la reducción de precios y por ende la llegada de manufacturas a un público con ingresos disponibles más bajos. Sin embargo, esto implica que se necesiten menos hombres trabajando en una fábrica por cada nueva máquina. A este proceso se lo llama destrucción creativa, porque se destruyen técnicas ya existentes para crear otras mejores. Los hombres que se quedan sin trabajo tienen grandes incentivos a pelear para que no se introduzcan los cambios que, efectivamente, los dejarían desempleados. Por lo tanto, los procesos de destrucción creativa suelen estar acompañados por grandes tensiones entre quienes luchan por que se implementen las mejoras y quienes se ven perjudicados por ellas. A lo largo de la historia, hubo millones de ejemplos de casos como estos, en los que quienes están en lugar de los perjudicados triunfan y la sociedad se pierde de los grandes beneficios que estas mejoras traerían. También existieron casos en los que el gobernante, por miedo a las represalias, directamente prohibía la revelación de los descubrimientos.

En Why nations fail, Acemoglu y Robinson cuentan sobre un hombre que se acercó al emperador de Roma ya que había inventado un vidrio indestructible y esperaba recibir una recompensa. Tras una demostración, el emperador le preguntó si se lo había mostrado a alguien más. Ante la negativa, lo mandó a matar “para que el valor del oro no se reduzca al del barro”.  El emperador tenía miedo de los efectos económicos que podía tener un vidrio indestructible.

Otro ejemplo clave de la historia fue el de los luditas en la primera revolución industrial. Según Wikipedia, el ludismo fue un movimiento encabezado por artesanos ingleses en el siglo XIX,  quienes, entre los años 1811 y 1816, protestaron contra las nuevas máquinas que destruían empleo. Los telares industriales y la máquina de hilar industrial, amenazaban con reemplazar a los artesanos con trabajadores menos cualificados y que cobraban salarios más bajos, dejándoles sin trabajo. No está de más preguntarse qué hubiera sido del mundo si los luditas efectivamente hubieran triunfado, es decir, si se hubiera retrocedido ante todos estos avances y reemplazado nuevamente las máquinas por trabajo humano.

Evidentemente, no existe una respuesta certera ante ésta pregunta, pero sí podemos atisbar una respuesta con otro ejemplo (también descripto  en Why nations fail) de una sociedad en la que comenzó a haber un desarrollo sostenido, pero quienes se vieron perjudicados se impusieron en esa lucha clasista por lo que finalmente se terminó volviendo al punto inicial. Se trata de Venecia, que tras lograr su independencia de Roma en el año 810, experimentó un crecimiento considerable, aprovechando las ventajas geográficas por su posición estratégica: se encontraba en el medio del Mar Mediterráneo y era el nexo entre Medio Oriente y Europa. En el año 1050, en Venecia vivían 45 mil personas. En el 1200, 70 mil. En el 1330, 110 mil. En este punto, Venecia era tan grande como París y el triple de Londres. Pero en el 1500, había nuevamente 100 mil habitantes. Estos números ilustran el crecimiento económico y posterior estancamiento de Venecia. La población es un índice de riqueza muy efectivo (por lo menos lo era hasta la primera revolución industrial), porque demuestra la capacidad de producción de alimentos (o también de bienes manufacturados, ya que posteriormente pueden ser comerciados por alimentos) que tiene una sociedad. ¿Qué pasó en Venecia, entonces?

En Venecia, existía un tipo de sociedad comercial de dos partes, que se creaban con un fin específico  y se extinguía luego de concretado el objetivo. Se llamaba Commenda. Consistía en un socio “sedentario”, que ponía el capital, y un socio ejecutivo, que llevaba a cabo el viaje a Medio Oriente (o adonde sea) y concretaba las acciones comerciales. Posteriormente, se repartían las ganancias. Esto representaba nuevas oportunidades para jóvenes emprendedores que no tenían un capital inicial. Rápidamente, aparecieron muchos “nuevos ricos”, que a medida que fueron subiendo en la escala social fueron ganando poder. A su vez, la nobleza preexistente fue perdiendo poder  político y económico. Como siempre, se generaron tensiones. Y como muestra la historia, triunfó la nobleza preexistente. Hoy Venecia es una ciudad rica, pero la causa de su riqueza es el turismo. Es decir, en vez de ser un motor económico (como lo es Londres), es un museo. La gente va a Venecia a ver las maravillas construidas en su época dorada, anterior al triunfo de la élite, como el palacio del Dux o los leones de la catedral de San Marcos.

Todo esto tiene una gran similitud con un debate que se está dando en Argentina actualmente: Uber sí o Uber no. Los tacheros tienen miedo de ser reducidos por Uber. Cortan calles y organizan marchas como protesta. Los taxistas ocupan hoy el lugar que ocupaban los luditas en el siglo XIX. Ocupan el lugar que ocupaban quienes se opusieron al cambio más importante de la historia. Esto no quiere decir que Uber vaya a ser revolucionario. Lo que quiero decir, es que vivimos en una época en la que constantemente hay innovaciones. Como ya expliqué, toda innovación tiene sus perdedores. Y la importancia de que estas se impongan queda evidenciada en el siguiente fragmento de la carta titulada “Off-shoring with Obligation” (por offshoring se refiere a la tercerización de trabajo en el extranjero) por David Schlesinger, ex Chairman de la agencia Reuters:

“Crecí en New London, Connecticut, que en el siglo XIX era un centro importante de caza de ballenas. En las décadas del 60 y 70 las ballenas ya habían desaparecido y los principales empleadores estaban relacionados con los militares, cosa que no es sorpresivo dado que era la época de la guerra de Vietnam. Los compañeros de clase de mis padres trabajaron en Electric Boat [constructora de submarinos], en la armada y en la guardia costera. La llegada de la paz cambió nuevamente la región y ahora es principalmente reconocida por los casinos de Mohegan Sun y Foxwoods y por la farmacéutica  Pfizer. Los trabajos fueron desapareciendo, a medida que nuevos trabajos fueron siendo creados… La región cambió; la gente cambió… El cambio es difícil. Es más difícil en aquellos a quienes toma por sorpresa y es más difícil también en aquellos a los que les cuesta cambiar. Pero el cambio es natural. No es nuevo. Y es importante… El trabajo es realizado en el lugar donde se hace con mayor eficiencia y eficacia… Es, evidentemente difícil para la gente pensar sobre “su” trabajo desapareciendo… Pero es hora de pensar sobre la oportunidad además del dolor…” (original acá).

En definitiva, y más allá de si se impone o no Uber, es importante tomar conciencia como argentinos de que vivimos en una época de cambio, en una época de destrucción creativa. Y muchas veces, parecerá que hay gente que sale perdiendo. Pero de la historia aprendemos que el mundolas sociedades evoluciona, y que estamos viviendo una revolución digital. Si rechazamos todos los cambios por escuchar a quienes salen perjudicados, vamos a quedar muy atrás como sociedad, con respecto al resto del mundo.

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