“Me desperté, vi la noticia y lo primero que pensé fue que siempre se muere gente en esas fiestas”, declara Martín haciendo referencia a la Time Warp, fiesta en la que murieron 5 chicos de entre 21 y 25 años y otros 4 se encuentran en grave estado de salud. Tiene 21 años, es DJ y estudia ingeniería electrónica en la UBA. Estuvo en la fiesta y tomó MDMA. Santiago, también de 21 años, suele concurrir a fiestas de ese estilo y consumir drogas sintéticas pero por tener otro compromiso no pudo ir a esta. Cuando se despertó, la madre le contó lo sucedido y su reacción fue igual: “Siempre se muere gente”, le contestó.

El consumo de las llamadas drogas de diseño es una problemática que afecta la sociedad argentina; en particular, a la juventud. Según el diario La Nación, el consumo aumentó unas 2000 veces entre el año 2011 y 2015. Un ejemplo claro es el de Martín. Tomó por primera vez en el año 2013, en la fiesta UMF. Siempre le había gustado la música electrónica y por eso solía concurrir a estas fiestas, donde veía que mucha gente “tomaba y la pasaba bárbaro, me tentaba”. Un día se animó y probó. “Al principio, no sabía mucho. Estaba con un amigo que había tomado una vez. Me dijo que si quería, él conseguía y le dije que sí”, cuenta. No le pasó nada. Pero podría haberle pasado. Podría haber sido la historia de un chico de 18 años que tomó algo sin saber bien qué era, únicamente porque vio otros lo hacían y les gustaba, y no volvió a la casa.

Toma unas 5 o 6 veces por año y llegó a tomar hasta dos pastillas y media en una noche. Hoy, dice que ya aprendió a consumir. Que no toma nada sin saber qué es. Que chequea en un foro en internet que se llama argenpills, donde los usuarios suben reviews personales de sus experiencias con las drogas. “Antes de ir a pegar [comprar drogas], le pregunto al dealer el nombre y el precio de las pastillas y leo los posts de otros usuarios del foro. Después, si es seguro, le pregunto a mis amigos cuánto quieren, le mando un mensaje, me junto y compro”.

Tomás, estudiante de economía de 23 años, dice que toma porque “está bueno. La verdad no pienso mucho el por qué. Me gusta hacerlo y lo hago”. Se cuida con la cantidad: un máximo de dos veces por año. Y cuenta cómo son las noches en las que lo hace. Se junta con los amigos en la casa de uno antes de ir. Ahí, el que compró le reparte a cada uno lo suyo y planean la estrategia para evitar que los patovicas descubran lo que tienen escondido. Además, si es un festival, discuten cuáles son los mejores DJs de la noche y deciden a quiénes ir a escuchar. Arman algunos cigarrillos de marihuana, que consumirán “para subirla” (se refiere a que fuman para potenciar el efecto de la droga que estén consumiendo, cuando este todavía no hizo efecto o se aminoró). Finalmente, se suben a un taxi, colectivo o, si es muy lejos, a un auto, lo que demuestra que algunos hasta manejan bajo el estado de drogadicción.

Una vez llegan al lugar de la fiesta, se someten a largas colas y cacheos. Cuando superan a estos últimos, se dirigen hacia el stand donde venden agua, por el que pagarán un sobreprecio. Compran varias botellas, para evitar tener que volver hasta allí y hacer las filas. Luego, es el momento. Ya sea media pastilla, una entera o una cápsula de MDMA, llega el momento de tomar. “Es especial. Después de hacerlo, te quedás expectante. La última vez, alguien vio lo que estaba tomando y me hizo algún comentario como ‘están tomando las Bob Esponja eh, están bárbaras’ refiriéndose al nombre de las pastillas. Es que sí, se llamaban Bob Esponja porque eran amarillas y tenían la forma del dibujito animado. Era medio turbio eso, que sea igual al dibujito que veía de chico” dice Tomás. Ahí adentro ve “de todo”. Desde gente  “tomando merca”, vomitando, le han ofrecido todo tipo de drogas. Pero lo más chocante que vio fue “patovicas tomando y vendiendo cocaína. El tipo se suponía que estaba para cuidarme y en realidad estaba tomando… Ahí entendés para qué son los cacheos, para ver si pueden pescar algo y después venderlo”.

El casamiento entre las fiestas de electrónica y las drogas químicas, entonces, parece tener un paralelismo importante con la paradoja de los monos y las bananas. Esta paradoja trata sobre 5 monos encerrados en una jaula, con una escalera y una banana en la parte superior. Uno de los monos lo nota, y trata de subir a buscarla. Pero cuando lo hace, una ducha descarga agua muy fría sobre los monos. Luego se reemplaza a éste por uno nuevo, que comienza a subir la escalera pero los 4 restantes le dan una paliza. Se van reemplazando uno por uno. Siempre que entra uno nuevo, trata de subir la escalera y el resto le pega una paliza. Hasta que quedan 5 nuevos. Sin embargo, ninguno de los 5 monos sufrió la ducha de agua fría ¿Por qué, entonces, ninguno trata de subir? Aprendieron que al que sube lo castigan.

Emilia, de 18, estuvo en la Time Warp. Y pone en jaque esta hipótesis. Dice que toma porque “se siente dios” cuando lo hace. El éxtasis magnifica los sentidos. De ahí viene el dicho popular “sentís todo mucho más”. La música electrónica es atractiva, repetitiva, y cuando “estás ahí, con todos los efectos visuales, el sonido estruendoso, súper fuerte, se potencia todo. Es una combinación explosiva.”

Con respecto a los hechos en la fiesta, dice que “es muy fuerte haber estado ahí, hay que tener cuidado con estas cosas. Me desperté con mil mensajes de amigas preguntándome si estaba bien. El hecho de saber que pude haber sido yo me da escalofríos. Uno por ahí no tiene en cuenta todas las variables cuando decide tomar. Yo por eso me cuido, trato de hacerlo con control”.

En contraposición, Juan Manuel, de 21, afirma: “Esto no lo dice nadie públicamente porque todo el mundo es políticamente correcto, pero los chicos que se murieron fueron muy descuidados, mezclaron de todo y tuvieron la mala suerte de tomar el líquido ese que pusieron en el agua. Yo conozco un montón de gente que tomó la Superman y no le pasó nada”. Juan Martín hace referencia a una versión que mantiene que los resultados de la autopsia de los chicos que se murieron arrojaron que habían consumido GHB, un líquido muy potente que se suele mezclar en agua. Aparentemente, había una jarra de agua circulando que contenía este líquido y ante la imposibilidad de hidratarse por otros medios, tomaron de ahí. Juan Martín es el que lo dijo, pero son muchos los que lo piensan. Más allá de si esta versión es cierta o no, la forma en la que chicos como Santiago, Martín o Juan Manuel reaccionaron indica que la descarga de agua que recibieron los jóvenes en la Time Warp, no estaba lo suficientemente fría.

*los nombres de quienes dieron testimonio fueron reemplazados para proteger sus identidades

Foto de portada: .