El 12 de abril del 2016 va a quedar en la historia como “el día que salió Uber”. Desde ya, tuvo como consecuencia protestas y piquetes de parte de taxistas, los únicos perjudicados por el lanzamiento de la aplicación. Ya todos estamos al tanto de cuáles son los perjuicios que trae aparejados: menos gente utilizando taxis debido a sus precios más elevados y en consecuencia taxistas, a priori, quedándose sin trabajo o teniendo que recurrir a ser conductores de Uber — lo cual quieren hacer ya que alegan que esto llevaría a una mayor flexibilización laboral. Pero, ¿cuáles son los beneficios? Podemos responder esto de muchos modos: intentaremos realizarlo desde la economía.

En primer lugar, precios más bajos. Al no tener que pagar tasas tan elevadas, los costos son menores y por lo tanto también lo son los precios. Sin embargo, los consumidores no son los únicos beneficiarios, ya que debido a un algoritmo que ajusta los precios de acuerdo a la oferta y la demanda, cuando esta última es alta, el precio sube. En días de lluvia torrencial, las largas esperas de taxis se terminaron. Eso sí, a un precio más alto.

En segundo lugar, da fin al monopolio del sindicato taxista. Desde luego,en una situación ideal el sindicato existe para proteger a los trabajadores. Aún así, lo cierto es que en Argentina esto degeneró en una mafia que fija tasas y seguros altísimos, y que establece coimas: por ejemplo, en Ezeiza o Aeroparque, los taxistas deben abonar para poder hacer la fila para recoger pasajeros. Estas tasas y coimas constituyen una barrera de entrada para eventuales nuevos taxistas, que quedan afuera del mercado por no tener el capital necesario para ingresar al mismo.

Muchos taxistas argumentan que los ubers no están asegurados ante eventualidades, como accidentes de tráfico. Ante esto, me remito a las pruebas. En una entrevista con MinutoUno (link), Graciela, conductora de Uber en Uruguay, cuenta que ya ha habido casos de accidentes y que la empresa se ha hecho cargo siempre. Incluso en un país que ya es de por sí es más transparente que Argentina, los seguros que están obligados a pagar los tacheros son más elevados de lo que corresponde. Y si bien esto no necesariamente implica corrupción en el sindicato taxista, sino que se le puede atribuir a una administración poco eficiente (cosa que ya es motivo suficiente para preferir Uber), es de público conocimiento que existe.

En tercer lugar, existen beneficios desde el punto de vista urbanístico. En “Disruptive change in the taxi business: the case of Uber”, Judd Cramer y Adam Krueger demuestran que en la gran mayoría de las ciudades en donde existe Uber, los conductores pasan más tiempo en la calle que los taxistas, y que una fracción más grande de ese tiempo están llevando pasajeros. Esto implica una circulación más eficiente de los autos, que no tienen que andar esquivando taxis vacíos.

Por último, en mi opinión, tenemos el punto más importante. Que esté Uber no es un beneficio per sé, sino que un efecto que se deriva a partir de la definición del gobierno sobre la materia. Este es un debate bisagra para el presidente Macri: al definirse al respecto, mandará un mensaje a todas las empresas de capital extranjero que deben decidir si arribar o no al país. Debe demostrar si, tal como predijeron los mercados el día de las elecciones, es “amigo” de ellos.

Analicémoslo desde el punto de vista privado. Una empresa extranjera podría estar pensando en  desembarcar en Argentina ya que constituye una oportunidad única. Al haber estado cerrada a los mercados internacionales por tanto tiempo, los beneficios que podría obtener una empresa en el país en relación a otros lugares son muy altos. Sin embargo, para hacerlo debe constar con cierta seguridad jurídica que hasta ahora parece inexistente. En este sentido, la apertura de Uber implica un mensaje del gobierno a todas las empresas extranjeras: que esa seguridad jurídica efectivamente existe, y que el nuevo gobierno está dispuesto a proveerla.

Dejando de lado el costo político que puede tener para el gobierno tomar una medida de este calibre en el difícil momento que está atravesando el país, queda claro que no tendría sentido retrasar la llegada de Uber. En lo personal, ya estoy disfrutando de ella y, al momento de cerrar este artículo, estoy abriendo la aplicación para tomarme uno.

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