“No es otra obra sobre una familia disfuncional. Esta familia funciona.”

Así lo comenta el director en una charla entre público y artistas pos-función. Y nos deja un poco desorientados. Claro. Tiene razón. Y nosotros, que entramos justamente describiéndola así, entendemos a qué se refiere. A esa “manía porteña” (¿o universal?) de querer clasificar todo bajo tipologías pre-establecidas, que no necesariamente se condicen con lo clasificado. Esta familia es una familia-que-funciona, con sus desperfectos y desencuentros, pero también con sus vínculos inquebrantables. Como todas.

“Tampoco es una obra sobre un chico en silla de ruedas.” Sí, puede ser que el relato gire en torno al cumpleaños de Branko, uno de los dos hijos, que a veces, según su madre, “solo camina un poco más lento”, y otras “no va a caminar nunca más”. Pero no por ello podemos decir que aquel es el tema de la obra. Y es que… ¿por qué nos empecinamos en buscarle un tema, una gran anécdota que contar? ¿Tan difícil es aceptar que es una obra que expone situaciones cotidianas que se viven en familia? Pucha, de nuevo le pusimos tema. Ahora es una obra sobre lo cotidiano.

Pero basta de dar vueltas sobre la idea. Vayamos a la ejecución. Y que buena ejecución. Los actores no siempre se miran para hablarse. Muchas veces se confiesan cosas tremendas clavando la mirada en el espectador, para lograr así “estar juntos en un nivel de conexión no monopolizado por la mirada”, y “enfriar la carga emocional, dejar entrar la mirada del Otro en esa relación” (otra vez, el director). Hay además, un actor que lee las didascalias, haciendo surgir algo poético de lo que escuchamos pero no vemos. Aunque, en realidad… algo vemos. Porque si bien Rita no abraza a su madre cuando el actor lo indica, la mirada de ésta y la reacción de aquella, sentadas cada una en su silla y a metros de distancia, dan a entender que algo sucedió.

En el vestuario impera la ropa deportiva, que da un aire a Los excéntricos Tenenbaum pero también a “papá domingo”. Y es que es una obra que se representa, además, los domingos, a las 11.30. No busquemos mucha explicación para el día y horario, nos dicen los artistas. Empezó así porque era cuando podían coordinar todos para exponer esta obra que, en principio, solo iba a durar cuatro funciones… y sigue en cartel desde el 2014.

El texto. Que texto. De autor croata, la brillante adaptación hace pensar que fue escrito acá. Y es que bueno, ¿lo cotidiano se repite en todo el globo, no? Puede ser. Lo que no sabemos es si se repite este nivel de interpretación. Este nivel de darlo todo. Tanto que se termina agotando también al público, como si éste fuera el que comenzó la función corriendo alrededor del escenario, como lo hicieron los artistas. Que si bien dejaron de correr cuando largaron el texto, nunca dejaron de hacerlo, realmente, hasta que éste terminó. Y ahí sí se respiró. Un respiro un tanto incómodo; el suyo y el nuestro pos-función. Pero, un respiro al fin.

Disfrutala vos también:

Teatro: Teatro Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857, CABA)

Días y horarios: Domingos 11.30 hs

Localidades: desde $300 a $420 (con promociones 2×1 Club La Nación y 25% de descuento Club Personal)

Duración: 75 minutos