Entre la Parroquia de la Inmaculada Concepción y la Plaza Manuel Belgrano están los chorros. Esta fue la observación de un vendedor de flores que maneja su local ubicado sobre la calle Vuelta de Obligado y que se encuentra entre estos dos lugares. Hace diez años que está ahí. Hace diez años vino de Pizco, Perú.

Se podría pensar que en diez años pasaron muchas cosas entre estas dos áreas del barrio de Belgrano. Sin embargo, el testigo de aquella esquina no parece haber visto nada inusual durante tantos años a excepción de los chorros. “Acá no pasa nada. Son los chorros, no hay más en la plaza. Los robos son casi todos los días” – responde precipitadamente a la pregunta. Los jóvenes chorros que rodean esta plaza son de aproximadamente quince o dieciséis años, y por ser tan jóvenes la policía parece no presentarse. “No ves ni un policía; los sábados deberían estar presentes y no ves ninguno”. Parece que, en diez años, no hubo sino pequeños robos, principalmente arrebatos entre los chorros y los que se pasean por la plaza. “Vos pasás por allá sola y así es que te agarran. Hay varias chicas que andan de a tres o cuatro, y así les roban… los chorros corren y se llevan los celulares”.

Estos chicos sin oficio y sin hogar suelen estar “en la iglesia, en la plaza, están en todos lados”. El florista, que ya se acostumbró a tenerlos cerca, confiesa no haber tenido ningún problema con los chorros, porque “a mí ya me conocen”. Para él, la razón por la cual estos jóvenes siguen ahí es porque la policía no dice nada. “Ya los conocen, los han llevado tantas veces que el jefe de la [comisaría] 33 no quiere tener problema con ellos. Son muy jóvenes, no tienen dónde ir. Se dedican a robar, no estudian, no saben nada. Son gente de la calle y yo los conozco a todos”.

Seguida mi interrupción, vino la de un guardia de la Iglesia:
– “Hola, hola. Rosas. Ayer te fuiste re temprano.”
– “Sí, estaba lloviendo. ¿Cuántas querés?”
– “¡Ah! ¿Cuando llueve vos no laburás? Qué buena esa política que tenés. Nosotros vamos a decir igual: ‘llueve… no, no vamos a laburar’” – dice el guardia en tono de burla.

Por lo que siguió contando el florista, parece que en diez años algunas cosas sí cambiaron: “Ahora está rejado, antes no estaba. Ahora está cuidado, antes era una plaza-monte. Estaban las ratas…pasaban por acá” – dijo señalando con el dedo su floristería. “Lo cuidan porque está mejorando todo”. Además, cuenta de manera optimista, que antes la situación de los chorros era peor: “Dormían todos acá, ¿por qué crees que le pusieron la reja a la Iglesia? Ahí amanecían”. Por más que este sea el barrio más codiciado de todos según el entrevistado, la seguridad no parece ser tan evidente: “no hay ningún sitio seguro. Ni acá ni por Plaza Italia”.

Foto de portada: Beatrice Murch .