¿Ha abierto el debate sobre la despenalización del aborto una nueva grieta en nuestra sociedad? Desde que a fines de febrero el Ejecutivo dio luz verde para tratar el proyecto de aborto legal, la sociedad parece atravesada por una profunda escisión que la divide en dos bandos contrarios y antagónicos, donde surgen constantemente manifestaciones que se muestran a favor del “aborto legal, seguro y gratuito” o a favor de “los derechos del niño por nacer”. Tanto la sociedad como ambas Cámaras -y la política en si- se encuentran divididas: Desde que Macri abrió el debate, opiniones dividen transversalmente a los interbloques que forman la Cámara de Diputados. El 6 de marzo, con el aval de 71 diputados, se presentó oficialmente el proyecto de ley, redactado por la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito. Ese mismo día, diputados de diversas provincias y bloques (PRO, PJ y FR) presentaron un contraproyecto contra la despenalización de esta práctica.

Si no conoceremos nosotros de escisiones, de divisiones: tanto que el hecho de que exista una rivalidad entre dos polos radicalmente opuestos no nos parece nefasto u ominoso. Estamos acostumbrados a vivir con una grieta que nos separe.

Desde hace años vivimos en una realidad donde un corte profundo creó dos bandos opuestos y antagónicos: los K y los anti-K. Para Schmitt, quien fue un importante filosofo jurídico alemán, la noción amigo-enemigo constituye la esencia de lo político. La relación amigo versus enemigo es “la conciencia de la igualdad y la otredad”, es la afirmación de nosotros mismos, con quienes tenemos un elemento que nos cohesiona, en oposición a los otros, de quienes nos diferenciamos. Este antagonismo entre un nosotros (los kirchneristas o anti-kirchneristas, dependiendo en que bando te encontrases) versus los otros supo marcar el comienzo de la política argentina del siglo XXI.

En un momento dado, sin embargo, podríamos decir que esta brecha comenzó a cerrarse. O, lo qué es lo mismo, comenzaron a surgir nuevas, en especial dentro del grupo que se encontraba bajo la etiqueta justicialista: kirchneristas, massistas, peronistas no K. Estas escisiones internas generaron que la polarización que tiempo atrás había marcado fuertemente a la sociedad argentina dejara de ser tal. Schmitt lo predijo mirando a la sociedad alemana en la antesala de la Segunda Guerra Mundial: para él, ni la identificación con “los nuestros” ni con respecto del enemigo es inmutable, sino que se encuentra sometida a variaciones continuas.

Este “vacío de dualidad” fue llenado (o va camino a llenarse, creo yo) por el debate en torno a la legalización del aborto. El desvanecimiento de la polarización que marcó -por lo menos- los últimos 10 años de la política argentina dio lugar otra dualidad, a una división que además de ser política es también moral y social.

Según una encuesta del CEDES, 6 de cada 10 personas consideran que están lo bastante informadas sobre este tema como para opinar. La ciudadanía, como nunca antes, se considera lo bastante instruida como para plantarse frente a un debate. ¿Será que este empoderamiento de la ciudadanía nos estará jugando en contra para lograr una sociedad cohesionada y más unida? Macri, al dar vía libre al tratamiento de la despenalización en el Congreso, dijo que como argentinos nos debíamos “un debate maduro y responsable”. ¿Puede llegar este debate, en teoría pluralista y abierto a todas las opiniones, a partir en dos a la sociedad?

Como sociedad, tenemos una tendencia a ver todo como un Boca versus River. Si ya no podemos dividirnos entre kirchenristas y antikirchneristas, porque los límites que separaban a un “nosotros” respecto de “otros” se desdibujaron, creemos que debemos encontrar una dualidad que lo reemplace. En el futbol, luego de 100 años, todavía no encontramos a una rivalidad que pueda reemplazar al famoso superclásico. Veremos qué pasa en el terreno político.

 

Foto de portada: Succo.