Antes que nada, aclaremos de una vez qué significa ser feminista, nos ahorrará muchos problemas a lo largo del camino. El feminismo se define como la teoría de la igualdad política, económica y social entre sexos, lo que se traduce en la defensa de los derechos de las mujeres sobre la base de la igualdad de género.

Con esta definición tan simple, pero que pocas personas parecen conocer, es difícil aceptar a alguien que se declara como “no feminista”. Claro, todos debemos respetar la opinión del otro, pero cuando esa opinión implica estar en contra de la igualdad entre mujeres y hombres, uno se pregunta por qué debería asentir y pasar a otro tema sin causar revuelo.

Uno de los motivos por los que reniegan quienes no concuerdan con el feminismo es el nombre. ¿Por qué feminismo? Eso debe significar que lo único que le importa al movimiento es que las mujeres lideren el mundo y los hombres deban recluirse en una cueva hasta el fin de los tiempos. Justamente, el nombre viene a colación de que es un movimiento que se concentra específicamente en las desventajas e injusticias de un grupo en particular: el de las mujeres. Un término que incluya la palabra “igualdad” o “humanidad” no se ajustaría al propósito esencial del feminismo. He de ahí que proviene el significado del nombre, y es por eso que tiene lógica llamarlo así. El feminismo como ideal no se opone a un movimiento más amplio que luche contra todo tipo de desigualdades, no sólo las sufridas por el sexo femenino, pero no es en sí su meta. Así, como hay movimientos que se preocupan por la comunidad gay, o comunidades de ciertas razas o etnias, esta se preocupa por un género. Así de simple.

Otra de las clásicas objeciones dice algo como: “las feministas son muy extremistas, y los extremos no son buenos”. El punto está en que decir esto, es como decir que no podés simpatizar con la izquierda porque el comunismo te parece demasiado. Bueno, ¿y qué? Las ideas fundamentales no deben confundirse, y por ende deslegitimarse, por ramas posteriores y más radicales, y menos cuando éstas son violentas. Paradójicamente, si la base del movimiento es la igualdad, entonces una rama ultra-extremista que profesa odio y superioridad se auto-excluye de lo que es el feminismo.

Finalmente, la que nunca puede faltar es decir: “no soy feminista porque no odio a los hombres”. Como dije antes, el ser feminista no implica ningún sentimiento oscuro hacia el sexo masculino, más bien una valorización del femenino. Una creencia de que simplemente por ser mujer no debes aceptar ni recibir menos. No conlleva ningún tipo de sentimiento negativo hacia el hombre, meramente requiere el reconocimiento de una situación de desventaja y el deseo de desafiar el status quo.

Un planteo interesante es: ¿Hay igualdad de derechos? Formalmente, y al menos en Argentina, podríamos decir que sí. Ahora en la práctica, no tanto. No hay ninguna ley que establezca que los hombres deben ganar más por el mismo trabajo, sin embargo sucede. No hay tampoco leyes que dictan que debe haber más hombres en puestos jerárquicos o de gran influencia, sin embargo es así. No hay una obligación de darle mayor valor a la capacitación y educación cuando la leemos debajo de un nombre masculino, no obstante se hace.

Y si miramos más allá de nuestras fronteras, el feminismo se trata de cómo la vida de las mujeres alrededor del mundo está desproporcionadamente desprotegida, y su acceso a la salud, educación y poder se limitada. Ahora bien, si que una mujer en iguales condiciones sea tratada de modo inferior te parece bien, entonces sí, no sos feminista…

Foto de portada: Fotografías Emergentes .