Hay pocos puntos sobre los cuales la gran mayoría de la gente concuerda a la hora de hablar de aborto. Uno, es que se trata de una polémica que tiró abajo y logró redibujar varias líneas partidarias que definen la política argentina. Dos, es una temática compleja, con muchos puntos de vista diferentes, muchos argumentos diferentes, y muy propensa a disparar conflictos. Tres, no es fácil hablar del tema, dada su complejidad y sensibilidad.
Mi objetivo en esta nota no es dar ninguna opinión sobre cuándo considerar si hay o no la presencia de vida, ni tomar partido por ninguna de las partes. Considero que cada uno está entitulado a tener su propia opinión, y que son todas válidas a la hora de debatir. Habiendo dicho esto, me parece que hay una parte del debate que está siendo relegada. Hay un punto que siento que está quedando en un plano oscurecido, escondido, que no surge de manera usual en los debates acalorados, llenos de chispas. ¿Qué implica el aborto más allá del aborto en sí?
Al hablar de la definición de la vida, nos encontramos claramente frente a un dilema de dimensiones inconcebibles: infinitos puntos de vista, algunos arraigados en la biología y en la medicina (donde tampoco hay consenso), otros arraigados en la moral personal de cada uno, atravesado por religiones, tradiciones familiares, culturas, raíces…no es fácil. Ahora, más allá de la definición de vida para definir si la despenalización del aborto debería o no aprobarse, la definición de la vida toca múltiples esferas más.
El uso del DIU: ¿abortivo?
Si entendemos la existencia de vida como una que surge con la concepción, nos encontramos frente a múltiples interrogantes sobre cómo avanzar después de no aprobar la despenalización del aborto. Por ejemplo, con el uso del DIU -abreviación para Dispositivo Intrauterino- como método anticonceptivo. El DIU tiene efectos anticonceptivos tanto en la etapa de la pre-fecundación (impide el paso de espermatozoides) como en la post-fecundación (impide la implantación de un óvulo fecundado). Al no saber precisamente el porcentaje de cuánto es el efecto total de ambas funciones (si es 100% pre-fecundación o post-fecundación), no tenemos manera de establecer con claridad si hubo o no interrupción de la vida cuando es efectiva la anticoncepción provocada por el DIU.
Esto no es un tema menor. Estamos en una posición donde tenemos que cuestionarnos las políticas que hoy están vigentes en la ley argentina. En base a cómo definimos vida, ¿eso afectaría el uso del DIU? La ley 25.673 afirma que los anticonceptivos son gratuitos, entre ellos el DIU: ¿esto se vería afectado? ¿Se debería cambiar la legislación si la ley de la despenalización del aborto no fuese aprobada? ¿Cuántas mujeres se verían afectadas si esto ocurre?
Embriones congelados: un vacío legal
Hoy en Argentina se practica, y ya hace tiempo, la fertilización asistida. Hay dos técnicas de esta: las de baja complejidad (se fertiliza el óvulo dentro del aparato reproductivo de la madre, por estimulación ovárica o la inseminación intrauterina) y de alta complejidad (se fertiliza un óvulo por fuera del aparato reproductivo femenino). Los óvulos fecundados son implantados, y aquellos que no lo son pasan por el proceso de la vitrificación, mediante el cual las temperaturas se reducen de manera muy abrupta, evitando la formación de cristales y preservando los embriones en un estado congelado.
Y, a partir de ahí es donde se pone difícil.
En todo el mundo, existe un vacío legal enorme con respecto a qué hacer con los embriones congelados, y Argentina no es una excepción. Hasta el 2017, había un estimado de 20.000 embriones almacenados en clínicas de fertilización extendidas por todo el país. Este es un aspecto que no fue contemplado por la ley de fertilización asistida (ley 26.862): cada centro debe decidir qué se hace en cada caso particular con cada pareja.
Existen tres opciones para aquellos que no se implantan: se donan a la investigación, se donan a otra pareja, o se descartan. Según un estudio desarrollado por el CIMER (Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva), el 37% de las parejas afirma que estaría de acuerdo con la segunda opción, y un 40% con la tercera. Sin embargo, hay un 23% de indecisos, que según el estudio en general conduce al abandono de los embriones congelados en los centros médicos, los cuales no pueden decidir el destino de los mismos.
Mientras, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorga estatus de persona a los embriones “después de su implantación”. El Código Civil y Comercial de la Argentina afirma, en su artículo 19, que “La existencia de la persona humana comienza con la concepción”, pero en su artículo 20 afirma que “época de la concepción es el lapso entre el máximo y el mínimo fijados para la duración del embarazo.”
Entonces, nos enfrentamos nuevamente a muchísimas incógnitas que parten desde la pregunta más vital de todas: ¿cómo definimos vida? ¿Desde la concepción? ¿Desde la implantación? ¿Cómo se regula la donación de embriones congelados? ¿Se entiende como una mera donación de órganos, o como un caso más aproximado a una adopción que debe mediar un juez? ¿Cuánto tiempo podemos mantener congelados los embriones hasta que pierdan sus componentes celulares? ¿Se consideraría la interrupción de una vida si se descartaran? El tiempo pasa, la ciencia avanza, y los embriones continúan congelados, al igual que la legislación sobre el tema. Y esta está más vinculada con la discusión del aborto de lo que pensamos a priori.
No tengo las respuestas, ni busco darlas, para todas estas preguntas formuladas. Sea como sea que se defina la vida, sea cual sea el resultado del debate en el Congreso sobre si debe o no debe haber despenalización del aborto, más o menos regulada, más o menos abarcativa, hay algo que no podemos dejar de lado. Una vez que lo definamos, van a verse mutadas incontables dimensiones que trascienden el debate de hoy. Debemos pensar de antemano si estamos preparados para afrontarlo.

Foto de portada: Zappys Technology Solutions.