Imaginemos que todo lo que escuchamos fuese cierto. El mundo realmente estaría en
problemas. No solo escuchamos comentarios en la calle diariamente acerca de lo mal
que está el mundo actual, sino también tangos famosos tales como Cambalache que
afirman: “Que el mundo fue y será una porquería (…). En el quinientos diez, y en el dos
mil también”. Pero, si llegamos a estar patas para arriba, será porque algo no tan
correcto hicieron los grandes. Por suerte, no todos pensamos de la misma manera y te
voy a demostrar que sí existen soluciones a las problemáticas que aquejan a la Tierra.

Llámenme optimista si quieren, pero yo sí estoy seguro de que existen salidas para todo,
hasta para lo que más nos atemoriza. Dar respuestas a problemas implica tomar grandes
medidas, y tomar grandes medidas conlleva miedo. Pero ¿de dónde sale este miedo? A
mi manera de ver las cosas, los medios de comunicación muchas veces se enfocan en
mostrar los problemas (pasando desde el cambio climático, la desigualdad y hasta
llegando a las cuestiones relacionadas con el Estado Islámico) y no las soluciones.
Tendemos a percibir que nada es color de rosa y nos abruman los peligros. Lo que no
somos capaces de visualizar es la inmensurable cantidad de señales de progreso que
existen en el mundo. Hubo y hay líderes que demuestran que sí se puede mejorar.

Pensemos en una sola problemática para entender cómo funciona este pensamiento.
Tomemos el caso de la inmigración. No es nada descabellado afirmar que muchos
países son reacios a la aceptación de refugiados o inmigrantes en el país. Por miedo al
extremismo religioso, a una pérdida de la riqueza interna o por la misma historia del
país que condiciona la situación actual. Ahora sí, tomemos el caso de Canadá. Este país
ubicado en el hemisferio norte, frío y dividido, estuvo caracterizado por su rechazo
frente a los inmigrantes. Hasta mediados de 1960, fue conocida como “Canadá Blanca”
ya que seguía una política explícitamente xenófoba y racista. Agraciadamente, en 1968
llegó al poder como Primer Ministro Pierre Trudeau. Este líder hizo una de las
transformaciones más progresistas jamás vistas. Trudeau estableció la primera política
mundial oficial de multiculturalismo para promover la integración. Gracias a esta
política, la clave de la identidad de Canadá fue la diversidad. Esto era casi inimaginable
en una nación en la que ocho años atrás se repudiaba lo extranjero.

Actualmente, Canadá es uno de los países más receptivos del mundo: la tasa de
inmigración canadiense es cuatro veces más alta que en Francia. Como si esto fuera
poco, recibió diez veces más refugiados sirios que Estados Unidos. Ahora, Canadá se
caracteriza por la recepción de refugiados, su multiculturalidad y su “mente abierta”. La
identidad de este país es de lo más colorida y diferente, haciendo que los habitantes se
sientan parte de un todo que engloba a cada nacionalidad y forma de pensar.

El multiculturalismo puede llegar a ser una mala palabra en algunos países. Cuando
comprendamos lo rico que puede ser un ser humano por apropiarse de la forma de
pensar de otro y formular juntos una solución a un problema, es ahí cuando podremos
modificar nuestra forma de ver el mundo. Espero que hoy mismo puedas empezar a
cambiar tu forma de pensar, que puedas levantar la voz por un caso de discriminación y
que te despojes de todos los tabúes personales que puedas tener. Todos somos iguales y
necesitamos de un mundo más inclusivo y acogedor, donde lo que valga sea la igualdad
de tener una vida, de tener un pensamiento, de tener una pasión.

El verdadero obstáculo no es la capacidad ni las circunstancias. Dado el estado actual
del mundo, tenemos que comprometernos. Las respuestas están a un beso de la realidad.
Ahora depende de nosotros elegir más personas con coraje suficiente para que las
encuentren, las adapten y las pongan en acción.