“Che, este año pasó de todo…”

Elecciones ganadas, elecciones perdidas. Voces implorando por el “Sí” en un referéndum, o temblando de nervios ante la posible derrota de un “No”. Deseos de paz, premoniciones de guerra, y en el medio, tantos, pero tantos grises.

Acuerdos internacionales cayéndose a pedazos y resurgiendo de las cenizas como aves de fénix. Identidades regionales ganando fortaleza, empujando los límites de la soberanía de los estados. Juicios políticos por acá, nuevas mayorías y candidatos outsiders ganando o perdiendo terreno por allá.

Crisis humanitarias. Terrorismo. Miles de víctimas.

Acuerdos de paz después de medio siglo de guerra. Marchas por el desarme y por la pacificación. Pequeños gigantes pasos hacia la armonía.

El rompecabezas más grande que nadie termina de resolver: 195 países, 7.5 mil millones de personas, 510 millones de kilómetros cuadrados.  El mundo nunca pareció tan grande, tan intimidante, tan indescifrable.

Semana a semana, se hizo menos gigantesco. Semana a semana, por unos minutos, se pudo reducir una realidad inconcebible a algunas pocas palabras. O por lo menos, para mí, durante el tiempo que me llevaba redactar una pequeña nota, de repente, el mundo no estaba tan alejado. De repente, ninguna realidad parecía demasiado lejana. De repente, por solo unos minutos, fuimos un único mundo.

Con el final de mi proyecto de este año, les agradezco. A todos los que alguna vez leyeron alguna de mis sencillas palabras; a los que me ayudaron con comentarios y devoluciones e ideas; a todos los que, por un segundo, sintieron al mundo tan chico como lo sentí yo.

Gracias por leer a esta pobre ilusa que intentó comprender el mundo, y resumirlo en 300 palabras. Porque si en vez de tenerle miedo al mundo, lo comprendemos (o intentamos hacerlo), se achica. Y cuando se achica, se entiende. Y cuando se entiende, se tolera. ¿No es desde ahí desde donde se empieza?

Esta semana pasó de todo…

Foto de portada: ..