Un progre es ese rebelde de izquierda y narcisista que intenta expiar sus culpas a través de la pseudo-militancia. En los setentas, el jurista estadounidense G. Gordon Liddy definió al progre como “aquel que se siente profundamente en deuda con el prójimo y propone saldar esa deuda con tu dinero”.

Desde el punto de vista socio-económico, el progre es alguien que no ha sufrido privaciones en sus necesidades básicas durante su vida, incluyendo su educación o entorno. Si nos pidieran ubicarlo en un estrato encajaría en la clase media, aunque ahora aborrece a la aristocracia y a la oligarquía.

Para el progre promedio, conducir un auto de último modelo de gran cilindrada es perfectamente compatible con defender el movimiento ecologista. No importa cuán dudosa sea la procedencia de cualquier democracia, hay que defenderla a capa y espada; venga de Venezuela, Cuba o Irán. El progre defiende la escuela pública, pero inscribe a sus hijos en institutos privados. Dice apoyar la alternancia, pero maneja el sindicato hace decenas de años.

La defensa de los derechos humanos es como el carnet del club de los progres. Todo es justificable en base a la violación de los derechos humanos, aún cuando defienden y toman como ejemplo a seguir a países que son conocidos por pasarse la legislación por donde no pega el sol. O cuando hacen oídos sordos a los actos cometidos por Montoneros.

El Che ha sido y será el ídolo de los progres por el resto de la eternidad. A nadie le importa que haya confesado cuánto le gustó fusilar a miles de personas durante la revolución cubana. Véase querido progre, este infame discurso del Che Guevara ante la Asamblea General de la ONU el 11 de diciembre de 1964. El mandamás castrista, responsable de multitud de asesinatos en Cuba (el periodista cubano Luis Ortega cifra las víctimas del Che en 1.897), reconocía sin rodeos:

“Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando.

El progre define terrorismo según le convenga.

A pesar de defender con capa y espada a los oprimidos, el progre es un burgués. Su ubicación en los estratos sociales le brinda un nivel de seguridad económica y personal que es esencial para su lucha por los derechos del pueblo. No hay nada como proclamar tu odio por el capitalismo desde un iPhone de última generación, o desde una Macbook que supera los dos mil dólares. No sé qué opinará Nicolás Del Caño.

Los progres son como títeres de cartón que repiten el mismo discurso sin cesar. Por eso, si los sometes a una conversación con argumentos van a quedar al descubierto: son intelectualmente pobres, no leen más allá del discursito que les enseñan.

Nunca han leído a Marx, no saben cómo funciona la economía y en su búsqueda inmadura de una libertad utópica, lo que anhelan es un Estado monstruo que tome todas las decisiones por ellos.

Steph Serrano para Breinguash (que escribió pensando en Venezuela), cualquier similitud con la Argentina, no es pura coincidencia.

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