No sé si a todxs les pasa lo mismo, pero yo recuerdo con muchísima claridad el momento en que me volví feminista, y fue casi sin saberlo. Tenía 12 años y estaba en mi mayor momento de fascinación con el deporte. Me miraba todos los programas de ESPN, Fox Sports y TyC, veía partidos de todas las ligas europeas, y seguía todos los torneos de tenis que había en el año. En ese momento, se me vino muy claro a la cabeza cuál tenía que ser mi futuro: ser periodista deportiva. Soñaba con estar ahí. Hacerle notas a los jugadores, sentarme a criticarlos sin más, viajar por el mundo comentando partidos. Sí, obviamente veía que en los programas eran prácticamente todos hombres; en ese entonces, había muy pocas mujeres. Pero todavía no tenía noción de lo que eran las desigualdades de género, y realmente creía que, si yo quería ser periodista deportiva, podía serlo.

Cuando fui contenta a contarle a mi mamá que quizá iba a dejar de lado la idea de estudiar diseño de indumentaria (cosa que quería hacer desde que tenía memoria) para estudiar periodismo deportivo, su cara se transformó. “¿Periodismo deportivo? ¿Estás loca? ¡Eso es para hombres! Habiendo tantas carreras para mujeres…”. En lugar de llorar o agachar la cabeza, me planté, y le dije que si yo quería estudiar periodismo deportivo lo iba a hacer, y que, aunque fuese difícil, lo iba a lograr. Como se habran dado cuenta, finalmente no estudié periodismo deportivo (ni diseño de indumentaria, porque nunca tuve nada demasiado claro), pero sí entendí que ser mujer no iba a ser un obstáculo para decidir lo que quería ser, ni en mi vida académica ni en mi vida profesional.

Más allá del cuento, hay dos ideas con las que me gustaría cerrar. En primer lugar, creo que es sumamente importante entender la lucha de género como una lucha de todxs para todxs. Si bien las mujeres somos las principales perjudicadas y estamos en un lugar de subordinación mayor, lo cierto es que la igualdad de género libera a los hombres de muchas presiones que la sociedad patriarcal les impone. Los hombres pueden llorar; les puede no gustar los deportes, sobre todo, les puede no gustar el fútbol; pueden usar cremas, hacerse las manos e ir de shopping; mirar películas románticas; no tienen que ser el único sostén de la familia; entre tantas otras cosas.

En segundo lugar, es importante entender que “eliminar” el machismo que tenemos dentro es un proceso largo y sumamente complicado. Todxs, hombres y mujeres, nacimos y nos criamos en una sociedad patriarcal, que incluso con pequeños detalles nos fue socializando con determinadas concepciones de lo masculino y lo femenino, del deber ser de cada sexo/género. Pelear contra el machismo interno es, probablemente, la lucha más difícil que deben dar lxs feministas. Es una batalla de todos los días, no sólo contra lxs demás sino incluso con unx mismx. Sin embargo, es una pelea más que necesaria, y por eso lxs invito a unirse a ella.

 

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