A casi dos semanas del rechazo a la segunda denuncia contra Temer en la Cámara de Diputados y a menos de 365 días para las próximas elecciones presidenciales, la situación política en Brasil no deja de ser un interrogante.

Parece ser que, desde el impeachment a Dilma en el 2016, la política brasileña se encuentra sumergida en un problema tras otro. El gobierno de Michel Temer se mantiene a flote con cada vez menor apoyo social: solo un 5% de la población califica a su gobierno como óptimo. Sin embargo, este porcentaje no sorprende; sobre todo si se tienen en cuenta particularidades de su gobierno tales como carecer de legitimidad de origen para gran parte de los ciudadanos y el hecho de haber implementado políticas que no son populares, sino todo lo contrario.

Pero, más que hacer un análisis de las medidas llevadas a cabo por su gobierno, lo que me intriga son los posibles escenarios de cara a las próximas elecciones presidenciales de octubre 2018.

Hace un par de meses, tuve la oportunidad de preguntarle a Renato Perissinotto (Presidente ABCP: Associação Brasileira de Ciência Política) quién pensaba que las lideraría. “Todo depende de Lula”, me respondió y, hasta ahora, así parece serlo. A pesar de ser el pre-candidato con mayor intencionalidad de voto en las encuestas (35%), Lula (PT) obtiene, al mismo tiempo, los niveles más altos de rechazo. Sin embargo, su caravana ya recorre el país buscando conseguir el apoyo necesario para acceder a su tercer mandato presidencial.

A Lula, en las encuestas, le siguen Jair Bolsonaro con un 17% y Marina Silva con un 13%.

Bolsonaro es diputado federal por Rio de Janeiro (PSC). El candidato conservador de la extrema derecha brasileña es conocido por muchos como el “Trump brasileño”. En mi opinión, es hasta mucho peor. Se declara públicamente en defensa de la dictadura militar brasileña (a tal punto de haber homenajeado a “los militares del 64” y a Carlos Alberto Brilhante Ustra – Coronel del Ejército Brasileño, conocido torturador- mientras votaba el impeachment a Dilma). Quizás, lo más preocupante es la cantidad de jóvenes (60%) que forman parte de su base de apoyo. Su estrategia se basa en el uso de las redes sociales para llevar su campaña al plano nacional y es aclamado como “líder” en sus recurrentes visitas a instituciones militares. ¿Da miedo no?

Por su parte, Marina Silva (REDE) mantiene el mismo nivel de intención de voto que en las elecciones de 2010 y 2014. Aunque tiene el potencial necesario para aumentar su apoyo, primero es necesario que logre solucionar los conflictos de las fuerzas al interior de su propio partido.

Detrás de estos candidatos y disputándose la candidatura por el PSDB, se encuentran Gerardo Alckmin y João Doria. Alckmin es gobernador de São Paulo y ya dio el primer paso declarando su candidatura y creando su sitio web. Se presenta como un político de centro izquierda social demócrata y comprometido con los derechos humanos. Parece ser que, con esta estrategia, el partido busca atraer al elector histórico del PSDB, quien se ha alejado del partido en los últimos años debido a sus decisiones en el plano legislativo. Entre sus promesas de campaña, se encuentran la despenalización de la marihuana y del aborto, el combate al crimen organizado y la enseñanza obligatoria de historia y cultura afro-brasilera en las escuelas. Doria también pretende atraer al votante de centro. El alcalde de São Pablo planea ubicarse en el medio de quienes denominan como extremistas de derecha e izquierda, Bolsonaro y Lula respectivamente.

Aunque debemos tener en cuenta que las encuestas de opinión pública son un reflejo de la realidad y no efectivas predicciones del futuro, estas nos muestran que es evidente la falta de legitimidad que tiene la clase política brasileña, en su totalidad. Sin importar cuál sea el candidato o la sigla partidaria en particular, los índices de rechazo son altísimos. Esto es un gran problema para la elite política brasileña.

La polarización política, la corrupción y el malestar, tanto social como económico, del país determinan decisiones cada vez más pragmáticas por parte de los ciudadanos a la hora de votar.

Mientras la candidatura de Lula siga en pie, éste será la figura central. No hay, por ahora, candidato capaz de disputarle este lugar. No obstante, todo puede ocurrir. No estaríamos hablando de Brasil si así no lo fuese.

 

Foto de portada: PSB Nacional 40.