1. Participación promedio. La participación electoral a nivel nacional (es decir, cuánta gente fue a votar sobre la cantidad de gente en el padrón) superó por más de cuatro puntos a la de las PASO y se ubicó exactamente en el promedio histórico desde 2011. Es decir, fue más gente a votar que en las primarias (esto no nos sorprende), pero no fue casi igual cantidad de gente que en la última legislativa.

2. Escrutinio récord, sin dudas ni “bochornos”. A diferencia de las PASO, donde el ritmo de la carga de votos causó encendidas polémicas, en el escrutinio del domingo todo funcionó de manera aceitada. El ritmo de la carga fue muchísimo más veloz. A las 21hs ya había escrutado un cuarto de las mesas de la provincia, mientras que en las PASO a esa hora recién se había contado un 2%. El 95% se alcanzó este domingo a las 11 de la noche; en las PASO, a las 4 de la madrugada. ¿Qué nos dice esto? Que seguramente el gobierno haya agilizado su sistema de carga de información.
No sólo este recuento de votos fue más rápido que el de las primarias, sino que además fue el más rápido desde 2011. También, fue el que menos votos dejó sin contar.
Tampoco hubo dudas respecto a los resultados. En las PASO, la diferencia entre Bullrich y Cristina se fue achicando a lo largo de todo el recuento hasta que sus porcentajes se igualaron prácticamente. El pasado domingo, si bien la diferencia entre ambos también se fue reduciendo, la brecha se mantuvo lo suficientemente grande como para que Cambiemos se consolidara como la fuerza ganadora.

3. La mejor elección de Cambiemos. La coalición nacida en 2015 tuvo este domingo su mejor elección tanto a nivel nacional como provincial. En la categoría de diputados nacionales, comparando con la elección de 2015, creció 9,8 puntos porcentuales a nivel nacional, y 7,63 en la provincia de Buenos Aires.

4. Una mala elección para el kirchnernismo. El kirchnerismo hizo en esta elección la peor performance de su historia a nivel nacional, luego presentarse por fuera del PJ en varios distritos. Además, hizo una mala elección en la provincia de Buenos Aires, donde solo superó a las derrotas de 2009 y 2013, y quedó 1,18 puntos debajo de la elección de 2015.

5. Tercera caída consecutiva para el peronismo. Si sumamos los porcentajes obtenidos por todas las listas de extracción peronista desde 1983 hasta 2017, vemos que el porcentaje de voto peronista a nivel nacional viene cayendo desde el récord histórico de 64,3% en 2011.

6. La fuerza ganadora fue la polarización. Entre las PASO y las Generales, la suma de votos de Cambiemos y el kirchnerismo creció 6,66 puntos porcentuales a nivel nacional, y 10,94 en la provincia de Buenos Aires. Es decir, la grieta no dejó de crecer.

7. Por dónde pasó la tijera. Algo interesante para observar es el saldo neto de los cortes de boleta, es decir, la diferencia entre los resultados para senadores y diputados. Analizándolo, encontramos tendencias diferenciadas para los dos principales espacios de la provincia. En el caso de Cambiemos, hubo electores que sacaron a Bullrich pero votaron la lista de diputados encabezada por Ocaña. En el de Unidad Ciudadana y 1País pasó lo contrario: hubo varios que votaron a Cristina o a Massa, pero no a sus listas de diputados.

En la ciudad, las cifras muestran que las listas de diputados encabezadas por Carrió y por Filmus le ganaron a sus propias listas de legisladores, ya que varios optaron por otros espacios en esa categoría. Lo contrario sucede en Evolución, donde la lista de legisladores que encabezaba Pérez Volpin sacó más votos que la de diputados liderada por Lousteau.

Foto de portada: La Curva.