La ciudad con aires de pueblo es digna de todos los poemas e historias que sobre ella se han escrito. Es visita obligada si estamos visitando la capital lusa, aunque dé para más de un día.

Castillo, palacio, palacete. Mires por donde mires, todos ellos se distinguen entre las sierras arboladas de Sintra, en quintas con parques alucinantes.
Dato de color: Madonna no es ninguna boluda; la reina del pop se compró un palacete a remodelar del siglo XIX alucinante.

Qué ver: todos los palacios son dignos de ver y fotografiar desde afuera, pero hay que elegir a cuáles entrar. En mi opinión, el famoso Palacio da Pena (el de los colores) no vale la pena ya que es muy Disneylandia. A donde sí es obligación entrar es a la Quinta da Regaleira: todo el recorrido está plagado de historias y simbolismos, y los caminos de sus parques no tienen nada que envidiarle al Park Güell. Lo que sí, hay que informarse un poco de lo que vamos a ver antes de ir, ya que todas las visitas guiadas son pagas y largas.

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