Por suerte, para no perder la costumbre de este 2017, posterior al fuerte enfrentamiento a principios de año de los gremios docentes con el gobierno, la educación se puso nuevamente en el centro de la discusión. Pero esta vez se presenta un tema más profundo y complejo, que nos exige de un análisis más académico y nos demanda acudir a más fuentes formadas para poder generar una opinión valedera. Si bien el conflicto docente también lo requiere, la discusión tuvo un tinte más político y no tanto de política pública como se hubiese necesitado. Posiblemente, en los medios de comunicación esta nueva agenda educativa puede estar un poco opacada por el caso Maldonado pero, a pesar de la gran cobertura del caso, en CABA se hizo lugar y se puso sobre la mesa la polémica por el nuevo plan educativo que el gobierno de la ciudad va a empezar a implementar.

La reforma “Secundaria del Futuro” nos plantea varios interrogantes sobre la modernización en la forma de enseñar la currícula ya existente y consensuada y no en la reformulación de ésta. “Lo que queremos transformar, y profundamente, es cómo le acercamos esos conocimientos a los chicos con el desarrollo de conceptos más allá de los contenidos específicos” , más clara no pudo haber sido la actual titular del Ministerio de Educación porteño, Soledad Acuña, en su entrevista con Luciana Vazquez para La Nación.

Ahora bien, la intención del plan está bastante en la superficie, pero está claro que lo más importante es cómo llevarlo a la práctica. Para eso es necesario tener claro el contenido de la reforma (no existe todavía ningún documento oficial, solo entrevistas y una presentación subida de manera no oficial). Aquí los principales puntos: según el Ministerio, las principales reformas estarán planteadas para el último año del secundario, el cual se empezará a tomar más como un año de transición que como un abrupto final. Esto significa que el ciclo orientado se dividiría en dos: tercero y cuarto seguirían, en líneas generales, de la misma manera, quinto y sexto se llevarían la mayor cantidad de modificaciones. En principio, las materias serán agrupadas en cuatro grupos como parte de una estrategia para la integración interdisciplinar. La idea es que estos grupos sean los que se evalúen a fin de año como cuatro conjuntos en vez de 12 materias divididas, y se calificarán bajo un sistema de créditos en lugar de notas numéricas. El alumno pasa a ser centro y eje individual para generar el conocimiento, y el maestro pasa a ser un guía y acompañante en la búsqueda de este. La modificación más grande es la de las pasantías, éstas dejarán de ser tales y pasarán a ser un espacio educativo, llamado prácticas “profesionalizantes”, más que una experiencia laboral en sí. La idea es que cada chico tenga un tutor que pertenezca a esa determinada empresa, ONG, centro cultural, etc. con el cual la escuela acuerde un plan personalizado para cada alumno, “van con un objetivo educativo y pautas específicas y con un seguimiento porque esa práctica también va a ser evaluada”.

La presentación de la “Secundaria del Futuro” hizo eco, por distintos puntos, en el ámbito educativo y político: desde notas publicadas en medios de comunicación, hasta la toma de colegios.

El diario Página12 publicó el primero de septiembre una fuerte crítica titulada “La secundaria del futuro empresarial” en la cual el principal foco se puso en la no-reforma de la currícula y en las modificaciones de las pasantías “Anuncian que el contenido curricular seguirá siendo el mismo, aunque agrupando las materias en áreas, y seguramente comprimiéndolas en cuatro años, dado que en el quinto los chicos irán a trabajar gratis a las empresas la mayor parte del tiempo”. Aquí la ex diputada Adriana Puiggrós plantea uno de los miedos que se han instalado, la precarización de las pasantías y que el objetivo de esta reforma es bajar los costos laborales para que los empresarios puedan contratar mano de obra gratuita. La preocupación por la modificación de las pasantías si bien puede resultar válida, está obviando, desde mi punto de vista, el objetivo de la pasantía en sí. Sacando que resulta inverosímil la crítica de que éste es el inicio de la reforma laboral, no contempla ni compara la modificación. La ministra porteña, post inicio de las críticas, declaró que las nuevas prácticas profesionalizantes no implican ir a trabajar, como sí lo eran las anteriores pasantías.

Una vez más la administración del PRO no encuentra la forma de comunicarse precisamente, inclusive la ministra dijo “Ese temor es falta de información” . ¿De quién es la responsabilidad de que todo sea lo más claro posible? Dado que justamente ellos hicieron pública la reforma sin haber publicado ningún documento sobre las bases pedagógicas y el contenido de la reforma, resulta poco lógico que se acuse de falta de información. A pesar de esto, a partir de una serie de notas que dio la ministra se puede armar una especie de rompecabezas para determinar cómo se estima que va a ser la “Secundaria del Futuro”.

La introducción de tutores personales por chico durante el último año, la reformulación de las pasantías y sobre todo la autonomía que se le estaría otorgando a las escuelas para formular planes para cada alumno, resulta interesante. Personalmente, no comparto las críticas hacia la nueva estructura que van a tener las pasantías y veo con buen ojo el nuevo enfoque. Mi principal argumento a favor de ellas es preguntarme qué tan influyente es una pasantía (como las anteriores) en un alumno y considero que la respuesta es que tienen mucho impacto, a veces demasiado. Consideremos este ejemplo: una chica que quiere estudiar odontología en el anterior sistema de pasantías estaría “asistiendo” a una odontóloga. Pero la especialidad de la odontóloga que se le haya asignado o inclusive el lugar donde trabaja puede ser un punto muy determinante en su decisión de elegirla como carrera. Sesga demasiado para un lado u otro. Lo mismo pasa con ingenieros y arquitectos, hay muchos enfoques de una carrera específica por lo cual hacer la pasantía acota mucho ese rango e influye en la decisión posterior del alumno.

Con el nuevo esquema, que es más flexible y con el perfil educativo de la pasantía no laboral, se puede lograr lo bueno que tenía la anterior pasantía y sacarle determinados sesgos que quizás tenía. Si bien, no se está aprendiendo cómo ejercer determinada profesión, considero ese tampoco es el objetivo de la secundaria. Tal vez, detrás de estas opiniones encontradas, también haya una diferencia en el objetivo de las pasantías en sí.

Otra crítica importante que se dio a conocer fue la del recorte de los contenidos del último año. Muchos alumnos que tomaron las escuelas y algunos docentes se mostraron en contra de que las “prácticas profesionalizantes” ocupen la mitad de la carga horaria del último cuatrimestre. La ministra de educación de CABA tendrá que dar una justificación de cómo se reorganizará la currícula, o si se dejará a disposición de cada colegio. Igualmente, la organización de materias en áreas puede facilitar la enseñanza de determinados contenidos de forma más integral y quizás esto alcance para llegar a los resultados deseados.

Una de las críticas que veo ilógica es la que sostiene que esta reforma desincentiva la continuidad de estudios terciarios y que no ayuda a la inserción universitaria por la reducción de horas aula y, según estos críticos, reducción de los contenidos. La reforma ofrece como opcional cursar en la escuela dos materias del CBC. Es decir, los que estén interesados pueden egresar con un pie adentro de la universidad. Además, esta reforma tiene como principal objetivo acercar la currícula actual de una mejor manera.

El nivel de consenso que tuvo la “Secundaria del Futuro” también es una crítica que se hizo escuchar. Tanto alumnos como maestros y profesores se quejaron de no haber sido consultados, o que solo consultaron un pequeño grupo. Soledad Acuña acerca de esto declaró: “Consultamos a cien personas del sistema educativo que son personas que respeto mucho. Son directores de colegios secundarios y supervisores”. También declaró que se reunieron con todos los supervisores de secundario, con todos los rectores de media para plantear qué cambiar. Es difícil sentarse con todos, y tampoco es necesario, pero mientras más mejor ¿no?. Pero no lo vieron así, o se está tomando como bandera política para ahondar la grieta que nos divide.
La estrategia de acercamiento a los centros de estudiantes tiene, al momento, diecisete colegios tomados. En cuanto a la queja de los alumnos: “El año pasado todos los lunes durante todo el año, de 3 a 5 de la tarde, tuve reunión con centros de estudiantes. Me junté con todos los centros de estudiantes y con algunos más de una vez para hablar de su agenda” Igualmente, acerca de esas reuniones aclaró que a los centros de estudiantes les costó entender que el espacio de diálogo era para que planteen sus necesidades y no el contenido de la reforma. Ahí puso una distancia clara entre el rol de los alumnos y lo que tienen que plantear y la responsabilidad de los dirigentes. Honestamente, considero que los alumnos deben ser consultados porque agregan una dimensión que solo ellos tienen, pero su opinión no tiene por qué ser vinculante.

Para concluir, quiero agregar una crítica personal. Luciana Vazquez le consultó a la ministra si habían recurrido al mundo académico a lo cual contestó que no sirve plantearse un modelo teórico en este momento. Creo que los neurocientíficos deberían haber tenido lugar por la relevancia que está tomando su trabajo en el área educativa, y también los académicos que bregan por una educación que esté a la altura de los nuevos desafíos del mundo. En una reforma que tiene como foco modificar y actualizar la manera de enseñar contenidos ya existentes, ¿qué mejor que llevar a las aulas formas innovadores de enseñar basadas tanto en la experiencia de docentes como en investigaciones específicas de esta área? Creo que es una oportunidad para innovar sin seguir ningún modelo, de realmente ponernos en la vanguardia. Más aún cuando la neurociencia promete reformular completamente el sistema educativo. Es necesaria la voz desde el aula, tanto de chicos como de maestros y directivos, al igual que un marco teórico que se aplique para mejorar.

Con críticas y halagos, una reforma educativa no podrá ser juzgada si no se sostiene en el tiempo. Es de vital importancia el consenso de la comunidad educativa para que esto suceda. Y aún mas importante para poder juzgarla es la evaluación empírica de ésta como política pública. Es, otra vez, una oportunidad de avanzar hacia un Estado moderno y que esta “Secundaria del Futuro” sea monitoreada desde el primer minuto para poder ir haciendo evaluaciones y, en vez de cortarle las piernas al primer traspié, identificar los problemas para poder corregirlos e ir mejorando sobre la misma base.