Un concepto básico de economía sostiene que, en un mercado competitivo, donde los oferentes buscan captar demanda a través de prácticas no monopólicas, (como mejorar la calidad de sus productos), los precios de aquellos tienden a disminuir.

Aquí, los últimos beneficiarios serían los demandantes, quienes, frente a la posibilidad de consumir más, así lo harían, y la rueda gira. Pero si uno tiene el poder suficiente como para manejar a un rubro entero, hacer lobby y sacar a patadas del mercado a su competidor, ¿por qué no hacerlo? Si al fin y al cabo el principio de no saciedad local tiene su racionalidad… uno no lo haría si corre el riesgo de tener que internalizar los costos de distorsionar el mercado mediante prácticas monopólicas (o delitos). Es decir, ser disuadido sin probabilidad de aprehensión por el castigo esperado es más alto que el beneficio de quedarse con todo un mercado, o si lo querés en criollo, ir en cana.

Pero salgamos del caso de libro y vayamos a la realidad, la Argentina, para ser precisos.

Compare usted mismo un mapa ferroviario argentino de 1960 con uno actual. Más de 50.000 kms. de vías férreas de diferencia ¿Qué ocurrió? Sindicalismo. No quiera creer ni por un momento que lo sucedido fue que el hierro subió y que la opción de transportar mercadería a través de camiones pesados cargando el tráfico, dañando el pavimento de las rutas, consumiendo combustible, contaminando y demás, fue más eficiente. O que una parte no era todo para transporte de cargas, sino que de pasajeros y que los aviones absorbieron demanda. Porque, en ese caso, sería el mercado comportándose como debe y yo no escribiría esto.

¿Un ejemplo recién horneado?

La aerolínea low cost Norwegian planea un ambicioso programa de expansión que inyectaría USD 4.300 millones, conectaría 90 aeropuertos que se modernizarían, aumentado la conectividad de ciudades argentinas, las ofertas laborales y las economías regionales. Sin embargo, debe enfrentar la oposición de los sindicatos, especialmente, a la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA).

La entidad difundió, en voz de Alejandro Kogan, secretario adjunto: “Vemos con preocupación la llegada de la línea aérea Norwegian, quien es actualmente eje de las principales discusiones a nivel mundial por sus prácticas de dumping, la competencia desleal y sus políticas de precarización laboral, no lo vamos a avalar”.

De esa expresión, puedo afirmar con total seguridad dos cosas: que Kogan no entiende qué es el dumping y que nada conoce del derecho laboral argentino. Que Norwegian no podría ofrecer tarifas aéreas debajo del precio promedio del mercado europeo, cuando el argentino presenta un desfasaje en exceso de 30% a 50% para trayectos similares en Europa. Que jamás leyó la ley 20.744

Los sindicalistas, que manejan rubros enteros desde hace decenas de años, son un eslabón clave en esta cadena que nos llevó a tener un país macro cefálico ramificado de manera paupérrima en su interior.

Terminar con la inmunidad judicial del sindicalismo salvaje y atraer el capital inversor a través de una reforma laboral acorde a nuestros tiempos, es la prioridad si realmente queremos un cambio.

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