Luego de la victoria de Cristina Kirchner en las PASO de Buenos Aires (le ganó a Esteban Bullrich por 20.324 votos) y los malos indicadores que aún se ven en la economía, como un aumento en el nivel de desempleo (subió un 1,6% entre fines de 2016 y principios de 2017) cabe preguntarse: ¿Cuáles son los problemas en la estrategia política y económica del gobierno? La interacción entre estos dos universos, tan cercanos para algunos y lejanos para otros, esconde una profunda contradicción que Cambiemos debe resolver: necesitan polarizarse políticamente con el kirchnerismo para mantener dividida la oposición, y al mismo tiempo necesitan quitar de escena al kirchnerismo para que no espante a los inversores de quienes depende la estrategia económica. Pero lo absurdo de tener estrategias contradictorias es lo único que le puede permitir al gobierno consolidarse en el poder.

La estrategia económica:

Desde que llegó al poder en diciembre de 2015 el plan económico del gobierno consiste en atraer inversión privada al país para generar empleo, en blanco y de calidad. Para ello, resulta fundamental generar las siguientes condiciones estructurales: instalar un clima de estabilidad cambiaria, eliminar el cepo al dólar, bajar la inflación y el déficit, normalizar la situación con los fondos buitre y brindar seguridad jurídica. Si bien todavía estamos lejos de tener una macroeconomía estable, varios de estos problemas fueron solucionados. El tipo de cambio se mantiene flotante pero estable, se salió del default, se puede cambiar dólares y la inflación, si bien no se redujo a menos del 17% anual como pretende el BCRA, está claramente en bajada. Sin embargo, la principal amenaza a la creación de empleo privado es, según declaraciones del mismo gobierno, la posibilidad de que vuelva Cristina. Por ejemplo, Elisa Carrió (Diputada Nacional y fundadora de Cambiemos) dijo en declaraciones públicas el 27 de julio de este año durante la campaña de las PASO: “Lo que dicen en todo el mundo es ‘si ustedes ganan, nosotros vamos’ (…) en todo el mundo dicen, ‘si vuelve Cristina nosotros a Argentina no vamos’, porque nosotros somos una Nación a prueba”. Este pensamiento fue calificado por muchos en la oposición como una “campaña del miedo”pero, lamentablemente, es en gran medida cierto. Uno de los principales indicadores que muestra la confianza de los inversores internacionales en Argentina es el ranking que elabora MSCI, una calificadora de riesgo. Nos parezca justo o no que esta agencia defina si Argentina es un país seguro para las inversiones, es un indicador muy válido porque en él se fijan las grandes empresas antes de invertir en nuevos mercados. Contra las expectativas del gobierno, Argentina no fue ascendida de ser un “frontier market” a un “emerging market” en la última evaluación en junio de este año, lo que hubiese implicado que el riesgo de las inversiones bajara. El motivo por el cual esta agencia no promovió a Argentina se resume en una frase del informe que presentan: “Although the Argentinian equity market meets most of the accessibility criteria for Emerging Markets, the irreversibility of the relatively recent changes still remains to be assessed.” En otras palabras, los inversores quieren ver si Cambiemos realmente tiene el poder político para sostener en el largo plazo las reformas que inició, y ganarle cómodamente a Cristina Kirchner en Octubre sería la gran muestra de que podrán hacerlo. De hecho, el mismo informe aclara que el caso Argentino será reevaluado en 2018. En resumen, las inversiones se asustan si Cristina y la extrema izquierda le pisan los talones al gobierno en las elecciones y eso reduce la creación de empleo empeorando el desempeño económico. Un ejemplo concreto de esta dinámica fue la fracasada visita de Chengyu Fu, presidente de Sinopec (una empresa petrolera China) al sur del país en julio. Cuando fue a evaluar la posibilidad de aumentar las inversiones en Santa Cruz donde la empresa ya tiene 4000 empleados, fue emboscado por piqueteros que se oponen a la firma de un acuerdo laboral y quedó atrapado en la oficina de la compañía. Decidió dar marcha atrás una inversión de 700 millones de dólares porque notó un “escenario inestable y de conflicto”, según una entrevista que le brindó a Clarin el 20 de Julio . Chengyu Fu terminó saliendo escondido en los asientos traseros de un auto. Esta experiencia fallida ilustra el problema fundamental de la estrategia económica: El gobierno realizó las reformas que los inversores juzgan necesarias, pero la presencia del kirchnerismo como un actor relevante es vista como una falta de poder político para sostener los cambios en el largo plazo.

¿Qué pasa a nivel político?

La presencia de Cristina Kirchner en la escena pública mantiene viva la fractura del peronismo. Así, la oposición está dividida entre “duros” (kirchnerismo) y “blandos” (PJ provinciales, Massa, Randazzo). Los resultados de 2015 muestran que Cambiemos difícilmente puede ganarle a un peronismo unificado. Si bien en el ballotage consiguió el 51,34% de los votos gracias a que muchos peronistas “moderados” lo apoyaron, en las elecciones generales había sacado sólo el 34,15% y los votos unidos de Scioli y Massa daban 58,47%, lo cual es más que suficiente para ganar cómodamente en primera vuelta. Si bien es difícil predecir cómo será el escenario electoral del 2019, está claro que una oposición dividida es el escenario ideal de todo oficialismo. La causante de esa división en Argentina es Cristina Kirchner y por lo tanto resulta funcional a Cambiemos. Por eso vemos intentos de “confrontar” a Cristina o hacer énfasis en la “grieta” presentando al kirchnerismo como una expresión del pasado que debe ser evitada a toda costa. El jefe de gabinete Marcos Peña dijo en una entrevista a mediados de julio sobre una eventual victoria de Cristina que “no veo a la Argentina suicidándose…”, implicando que Cristina Kirchner es el principal enemigo político del gobierno. Esto hace que en su figura se identifiquen los votantes que están menos conformes con Cambiemos, pero no todos: aún hay una porción considerable de personas que no están ni de un lado ni del otro, y también tienen a sus referentes como Sergio Massa. No casualmente cuando Macri tuvo encuentros con inversores extranjeros como el Foro de Davos lo invitó a Massa y lo presentó como “próximo líder del PJ”: es un moderado, música para los oídos del capital extranjero. Pero en Argentina el discurso es otro y el enfoque es mostrar a Cristina como la principal opositora y causante de los problemas del país. Antes del comienzo de la veda electoral de las últimas elecciones en una entrevista para Intratables, el Presidente llegó a acusar a Cristina Kirchner de tener “problemas psicológicos”. Si eso no es confrontar, ¿qué es? Que la oposición se mantenga dividida es mérito del gobierno pero también de Cristina, que logra de esta forma sobrevivir políticamente. Divide y vencerás, frase atribuida al Emperador Romano Julio César, es aplicable también en el siglo XXI. Este último punto inclusive es mencionado por Cristina Kirchner en la entrevista que le dió a Infobae el 14 de Septiembre pasado, al relatar el escenario de las elecciones de 2005: “Consideramos que con el momento que estábamos viviendo, teníamos que unir fuerzas y no plantear divisiones entre nosotros. Nos iba a distraer del problema principal”. Sin embargo, nadie cree que ella se va a excluir de la pelea de 2019 como afirmó en la misma entrevista para enfocarse en que un peronismo no kirchnerista le gane a Macri, sino que pretende liderar el peronismo y que se bajen los otros candidatos, algo que parece poco probable. La fractura continúa, la polarización se mantiene y el oficialismo sale ganando.

La estrategia de Cambiemos esconde una contradicción: El éxito económico del gobierno está en gran medida supeditado a que la izquierda extrema y el kirchnerismo no “asusten” a las inversiones, mientras que el éxito político del gobierno está supeditado a que el kirchnerismo se mantenga vivo dividiendo a la oposición. La estrategia global, si se mantiene este esquema, es muy inestable y podría terminar fracasando. Si el kirchnerismo se mantiene vivo y el peronismo dividido, posiblemente Cambiemos termine ganando las elecciones de octubre y eventualmente las de 2019. Pero las inversiones no van a venir a fondo si hay chances de que el kirchnerismo le ponga palos en la rueda al gobierno o inclusive que vuelva al poder. Esto es lo que está pasando ahora: políticamente el gobierno tiene bastantes chances de salir fortalecido de las elecciones de octubre (con Cristina perdiendo o ganando por poco la provincia de Buenos Aires y el peronismo moderado con un porcentaje considerable de votos), pero en términos económicos no se ve nada parecido a una lluvia de inversiones, menos aún después del informe de la MSCI de junio. Los supuestos “brotes verdes” todavía no se perciben en la calle, es decir, que la estrategia política parece funcionar por el momento, pero no la económica.

¿Qué puede hacer el gobierno para salir de este problema?

Actualmente el gobierno intenta administrar una situación inestable con un discurso contradictorio para acumular poder: intentan que el kirchnerismo muera políticamente para que las inversiones se decidan venir, pero no de golpe, sino mediante una lenta agonía que dure al menos hasta 2019 y mantenga la oposición dividida, tarea que están haciendo bastante bien. Por otro lado, intentan construirse como algo más que el anti-kirchnerismo: la cruzada anti mafias y contra el narcotráfico es una muestra de que pueden lograr apoyo popular en temas que van más allá de la brecha peronismo-anti peronismo (y más allá de si hay o no mejoras en la economía). Pero en el fondo, la estrategia del gobierno es aferrarse profundamente al plan económico para prescindir de la necesidad de confrontar a Cristina.Si de verdad creen que las reformas (inclusive el ajuste y la quita de subsidios) son para bien, entonces el electorado debería votar a Cambiemos gracias al éxito económico, no solo gracias a oponerse al kirchnerismo. Por ahora, esto no ocurre: de hecho, mucha gente vota a Cambiemos a pesar de la mala situación económica, gracias a que se identifican con la identidad anti peronista y por eso el intento de polarización se mantiene. Pero en el gradual proceso de unión en la oposición que se va a producir cuando la figura de Cristina vaya pasando a un segundo plano (cosa que aún no ocurre en gran medida gracias a que el gobierno la mantiene viva como su enemiga política) deberá haber una gradual mejora de la economía gracias a la llegada de inversiones. Si Cambiemos pierde el equilibrio en esta transición de ser un gobierno “anti-K” a ser un gobierno que genera éxito económico, probablemente la oposición va a lograr unirse ya sin figuras que lo dividan con el empuje de oponerse a un modelo que no brinda muchos “brotes verdes” por el momento.

Conclusión

Logre o no el gobierno superar la contradicción entre sus objetivos políticos y económicos, queda en evidencia algo que en el gobierno no siempre admiten: el problema de Argentina no es económico, es político. Hay una disputa entre distintos sectores con miradas muy diferentes respecto de cuál es el modelo de desarrollo que el país debe tomar, y esa disputa todavía no fue saldada. ¿Quién tiene el poder de imponer su modelo? ¿Macri? ¿Los K? ¿Las multinacionales? ¿Los sindicatos? ¿Los Piqueteros? ¿Los gobernadores? ¿Los medios? En tanto la lucha de poder que se da en las urnas, pero también en la opinión pública siga en este empate técnico, difícilmente podremos salir de este empantanamiento de alta conflictividad política, económica y social. Para tomar medidas económicas se necesita poder. Para boicotear las medidas económicas se necesita poder. Confrontar con el kirchnerismo sigue siendo la mejor manera de acumular poder para el gobierno en tanto no logra ganar de forma contundente en las urnas, pero no suena ilógico que Cambiemos decida abandonar la actual estrategia de polarización si gana ampliamente en octubre. Sería absurdo que no lo hiciera.