Oriunda de Venezuela, Tamara Taraciuk es una de las especialistas de mayor prestigio en nuestro país en materia de derechos humanos y se desempeña como investigadora en la fundación Human Rights Watch. Hoy nos ofrece un análisis crítico sobre la actualidad de la crisis venezolana. Abogada de la Universidad Torcuato Di Tella, sostiene que el régimen de Nicolás Maduro es una dictadura y que la presión internacional es clave para la transición a la democracia.

Mientras miles de venezolanos traspasan cada día la frontera con Colombia a causa del desabastecimiento de bienes básicos de subsistencia, el régimen de Nicolás Maduro desconoce la gravedad de la situación, e intenta afianzarse cada vez más al poder.  

Hoy en día la situación en Venezuela es una de las cuestiones más urgentes en la agenda internacional, y como tal, nos llega un bombardeo constante de información a través de los medios de comunicación. Pero lo que percibimos en la Argentina son principalmente noticias provenientes de Caracas. ¿Cómo se manifiesta la crisis en el interior del país?

 

Venezuela tiene una crisis enorme de derechos humanos a nivel nacional. En Caracas lo que más se dio en el último tiempo fueron manifestaciones en las calles, y violencia y represión policial. Al ser más grande y haber más gente, es natural que los medios se enfoquen allí, pero ese mismo patrón se está dando a nivel nacional, en muchísimas ciudades. Es más, yo diría que en el interior la crisis es aún más grave, porque la falta de recursos hace más notoria la escasez de comida y de medicamentos. Hoy hay más de 600 casos de civiles procesados por tribunales militares.

¿Cómo interpreta el régimen de Maduro el proceso del éxodo venezolano? Vemos gente cruzando la frontera, gente viajando para conseguir oportunidades laborales.

Yo creo que lo ignoran. A la gente que migra se los acusa de traidores de la patria. No obstante, esto va dirigido a personas en particular. A nivel nacional, ignoran la evidente información de que cientos de miles de venezolanos huyeron del país por diferentes motivos humanitarios, políticos, entre otros. Es evidente y existen cifras oficiales de la gran cantidad de exiliados.

¿Creés que la crisis impacta profundamente en el régimen interamericano de derechos humanos? ¿Es necesario que toda la región refuerce su estructura jurídica en materia de derechos humanos? ¿O es simplemente un caso aislado el de Venezuela?

El sistema interamericano de derechos humanos está vinculado con la OEA, tiene una comisión en Washington, y una corte en Costa Rica. Desde 2013 Venezuela ya no forma parte de la Convención Interamericana de Derechos Humanos, por lo que el accionar de la Corte Interamericana se ve limitado, ya que su jurisprudencia no abarca más al estado venezolano. Respecto de la reacción de los gobiernos regionales, durante mucho tiempo existió un silencio vergonzoso ante lo que acontecía en Venezuela. Afortunadamente en los últimos tiempos esto ha ido cambiando, y se ha configurado un enfoque más duro, consensuado y multilateral. Un ejemplo de esto fue la Declaración de Lima del pasado 8 de agosto, adoptada por 12 gobiernos de la región, que critica contundentemente la violación de derechos humanos y la crisis humanitaria, y que desconoce la legitimidad de la Constituyente. Este tipo de iniciativas conforman pasos importantísimos, especialmente teniendo en cuenta la urgencia y la gravedad de la crisis, y el hecho fundamental de que hoy Venezuela es una dictadura.

Muchos sostienen que la dimensión humanitaria es la arista más crítico de la crisis ¿Cómo te parece que debería organizarse la comunidad internacional para abordar la cuestión humanitaria?

 

En Venezuela existen tres grandes problemas: la represión, la crisis institucional (es un país en el que no hay mecanismos de contrapesos entre los poderes), y la crisis humanitaria. Todas ellas se retroalimentan entre sí, y son igualmente importantes. Respecto de la cuestión humanitaria, el mayor inconveniente es que en primera instancia el gobierno niega que exista una crisis, por lo que no permite el ingreso de cualquier tipo de asistencia internacional. En consecuencia, los gobiernos no pueden hacer mucho más que ofrecer dicha ayuda, que obviamente no llega por la falta de canales institucionales. Sí hay intentos más minimalistas de asistencia, como donaciones de ciertos particulares, pero este tipo de mecanismos de ninguna manera bastan para suplir las necesidades.

Recientemente Trump declaró “no descartar la posibilidad de una eventual intervención militar en Venezuela”, ¿esto fue una mera táctica discursiva o podría realmente manifestarse?

Eso fue una estupidez. No creo que una intervención de Estados Unidos sea una amenaza real, y por demás sería una pésima idea. El gobierno de Venezuela históricamente se ha escudado en que Estados Unidos representa una amenaza para la seguridad de Venezuela en su conjunto. Lo único que logra Trump con sus dichos es proveer a Maduro de recursos retóricos para difundir la idea de un enemigo externo y responsabilizarlo por todos los males que afronta el país. Felizmente, la región reaccionó diciendo que esa no era la manera de salir de la crisis.

Respecto al timing, se habla mucho de que los gobiernos latinoamericanos tuvieron una respuesta tardía que, de haberse producido con mayor antelación, habría impedido que la crisis se profundizara tanto. ¿Qué pensás sobre la manera en que se abordó la situación? ¿Fue suficiente o habría que intensificar la postura regional contra el régimen venezolano?

 

Yo creo que estamos en la dirección correcta. La respuesta es cada vez más fuerte, y se está manifestando en una pluralidad de escenarios e instituciones, como en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. La actividad que se está desarrollando es muy importante, como también lo es redoblar la presión para que el gobierno de Maduro la sienta, y que adopte las medidas mínimas que se necesitan para revertir la crisis.

¿Esta presión en qué se traduce? ¿Aislamiento?

Hay distintas maneras, desde cuestiones más bien simbólicas como no reconocer a la Asamblea Constituyente, u otras más prácticas como la denuncia de los abusos por parte del régimen. Por otro lado también se está avanzando con el ejercicio de sanciones a funcionarios específicos del gobierno venezolano, lo cual tiene un poder disuasivo de gran magnitud. No obstante, es complicado el procedimiento de la estrategia de aislamiento, ya que es imperativo evitar la implementación de sanciones que puedan generar un efecto generalizado en la población, que sería muy contraproducente para la resolución de la crisis humanitaria.

¿Qué proyecciones tenés del futuro de Venezuela? ¿Es más probable una transición democrática, o un estancamiento en la situación actual?

Nunca es fácil hacer predicciones en este tipo de casos, soy optimista y deseo que exista una transición a la democracia, para eso es indispensable la presión internacional para que cese la represión, para que liberen a los presos políticos, para que se establezca la independencia del poder judicial, para que devuelvan los poderes  a la asamblea nacional, para que acepten la ayuda internacional humanitaria y haya elecciones libres con observación internacional. La presión internacional es imprescindible para la consolidación de la democracia, y hoy está dirigida a eso.

Foto de portada: LuisCarlos Díaz. .