Todos conocemos la paella valenciana, sin embargo, no es lo único que ofrece esta maravillosa ciudad. Las callecitas, las palmeras, los cafés, la historia, los parques, y la playa son claves para explicar cómo se vive Valencia. Pocas ciudades logran una harmonía tan perfecta entre los edificios tradicionales y los de vanguardia.

Históricamente, Valencia ha sido la puerta de España hacia el Mediterráneo y, por lo tanto, cuenta con el encanto de las ciudades costeras. En mi opinión, no tiene nada que envidiarle a Barcelona. A media hora del centro de Valencia, se encuentran las playas que son de arena fina y de gran amplitud de mar abierto.

El centro histórico de Valencia es chico y lo que recomiendo es, simplemente, perderse por las pequeñas calles. Es muy probable que, cada 100 metros, te encuentres con algún edificio histórico. Dentro de este centro, recomiendo la Lonja de la Seda (Patrimonio de la Unesco), el Mercado Central, y el Miguelete (se tiene una vista espectacular). También, junto a la Plaza de los Toros, la Estación del Norte y la plaza del Ayuntamiento. Otro must es la ciudad de las Artes y las Ciencias.

Pasando a la comida: no pueden irse de Valencia sin probar la paella valenciana y una horchata. Personalmente, no sabía qué era la horchata hasta que vi que se vendía en el Mercado Central. Es una bebida refrescante, especialmente buena para los días calurosos de Valencia. Se prepara con agua, azúcar y chufas molidas que proceden de las raíces de la juncia avellanada.

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