Desde que aparecieron las publicidades antes de los videos de YouTube, mirar un video constituye un nuevo problema; porque nos gustan las cosas YA. Ahora. Y si no es ahora, no lo queremos. No nos gusta esperar. No podemos esperar al ascensor cuando está en el cuarto piso y nosotros en planta baja; antes de eso preferimos ir por escalera. No podemos esperar tranquilos el café con dos medialunas, necesitamos mirar el “celu” para matar el momento. Y tampoco podemos esperar si el chico o chica con quien estamos saliendo nos dice que ‘necesita tiempo’. ¿Qué significa eso? ¿Cuánto es ‘tiempo’? Nos dicen ‘necesito tiempo’ y nuestro cabeza colapsa. Si no sabemos cuánto es, estamos perdidos.

No nos gustan las cosas que no se pueden modificar, porque nos gusta modificar todo. Si algo no se puede pasar por un ‘filtro’, tampoco lo queremos. Retocamos todo, absolutamente todo. Ya sea una foto antes de subir a Instagram, un mensaje importante antes de mandarlo, incluso, revisamos mil veces el mail que tenemos que enviar a un profesor. Porque somos inseguros. Muy inseguros. Nos gusta el ‘ímpetu del momento’, pero ni nosotros somos atrevidos. Nos gusta ‘lo improvisado’, pero si nos piden que improvisemos en un oral, hacemos agua. Nos dicen que seamos originales con un trabajo, pero en cuanto nos damos cuenta que hicimos algo completamente diferente a lo que hicieron nuestros compañeros, entramos en pánico.

Porque tenemos miedo al fracaso, en todas sus variables.

Tenemos miedo a fracasar en lo que nos gusta y tenemos miedo a decir lo incorrecto en una presentación. Tenemos miedo a entrar en una fiesta donde no conozcamos a nadie y quedarnos parados en un rincón. También tenemos miedo a arruinar una relación. Por eso es mejor correr antes. ¿Antes de qué? No lo sabemos, pero por las dudas, corremos. Cortamos todo antes de que nos corten a nosotros, dejamos de hablar con esa persona antes de que ésta decida hacerlo, y no decimos chau. Decir chau es definitivo, y no nos gusta lo definitivo. Necesitamos saber que hay algo seguro a lo que volver ‘por las dudas’. El ‘por las dudas’ nos gobierna: ‘por las dudas’ me hago una copia del trabajo en un pendrive; ‘por las dudas’ llevo el cargador; ‘por las dudas’ me siento atrás por si el profesor llega a hacer preguntas del texto que no leí y ‘por las dudas’ no corto de una con esa persona. Hay chances de que se pueda retomar todo, no sabemos cuándo, pero siempre hay chances. Por eso no eliminamos, por eso no bloqueamos, la/lo tenemos ‘por las dudas’ y nos regimos por lo ilógico: necesitamos ser los primeros en dejarle de hablar, pero a la vez, somos los primeros en volver. Porque en el momento en que todo nuestro mundo se derrumba, nos gusta volver a donde nos sentimos seguros.

Y si no, echamos la culpa a algo más. Definitivamente, tenemos un campo menor en echar la culpa, y una maestría en inventar excusas. Porque nos encanta hacer todo a medias, no damos todo de nosotros porque si llegamos a fracasar, nos devastaría. Con la otra mitad que nos queda, nos gusta hablar en idioma de canciones, de poesías. Éstas dicen mejor lo que no sabemos decir. Porque no sabemos expresarnos, damos vueltas y no vamos de frente. Usamos frases hechas por otros para representar lo que sentimos, nos definimos en una frase sacada de una página cursi de Instagram, porque ni nosotros sabemos decir quiénes somos.

Perdemos más tiempo pensando qué piensan los demás de nosotros, que diciendo lo que creemos de nosotros mismos.

Nos encanta perder tiempo. Incluso nos encanta más cuando sabemos que tenemos los minutos contados. Nos encanta planificar en una hoja todo lo que tenemos que hacer, para después no hacer nada. Porque mentirnos a nosotros mismos, es mejor que decirnos la verdad: que somos un desastre andante. Nos quejamos de que no tenemos tiempo, pero después nos miramos un capítulo de nuestra serie preferida, porque el ‘total lo hago después’ siempre sirve.  Nos quejamos de que un profesor toma parcialito, pero después agradecemos cuando ya tenemos la mitad  de los textos leídos para el parcial. Amamos quejarnos.

Y amamos. Amamos mucho en todos los sentidos.

Amamos poder grabar cada momento con nuestros amigos, amamos poder reírnos fuerte, amamos esforzarnos en un trabajo y que nos den la nota que esperábamos, amamos escuchar esa canción a la mañana, amamos esas charlas con nuestros compañeros afuera de oui oui, amamos ese sentimiento de ver el parcial y saber que sabemos, y amamos jugárnosla cuando dijimos que no valía la pena. A pesar de todo, amamos contradecirnos. Y esto vale para todos los puntos anteriores.

Somos una mentira, una completa mentira. Y lo sabemos, pero aun así nos encanta.

Foto de portada: ShashiBellamkonda. .