Myanmar/Birmania es un país cuyo mero nombre genera polémica a nivel internacional. En un principio, cuando el Estado se independizó en 1948 de Gran Bretaña, que la había incorporado como colonia, adoptó el nombre de República de Birmania.

Sin embargo, en 1962, el gobierno interno fue tomado por los militares, desde entonces acusados de todos los crímenes habidos y por haber: violación sistemática de los derechos humanos, tráfico de droga y de personas, corrupción, incluyendo el asesinato de miles de manifestantes en pos de la democracia en 1988. Ese año, un golpe militar brutal abatió a la nación, y el gobierno militar cambió su nombre a Myanmar.

Mientras parte de la comunidad internacional reconoce al país como Myanmar, la ONU incluida, tanto la oposición al régimen corriente, como una gran porción de países y medios de comunicación lo identifican como Birmania, afirmando que bajo el otro nombre se da legitimidad a un régimen fuertemente despótico.

Al interior del Estado, la persecución y violencia es una realidad recurrente para un grupo étnico minoritario, la población Rohingya. De religión musulmana en un país mayoritariamente budista, desde  el gobierno son negados una ciudadanía, rotulándolos bajo la etiqueta de “nación sin estado”. Incluso desde antes del establecimiento de la Junta Militar, la población Rohingya ha vivido bajo constante opresión, discriminación y abuso, condición ligada a su carácter de minoría.

Las tensiones se vieron incrementadas en 2012, con el estallido de una serie de revueltas, llevando a 88 muertes y 10.000 desplazamientos, de ambos lados. Desde entonces, hay un clima de conflicto que inunda al país. Tanto pertenecientes al bando minoritario como a su opositor han derramado sangre.

Los ataques de militantes de la población Rohingya fueron combatidos desde las autoridades con una salvajidad implacable; mientras el oficialismo afirma que estas operaciones son dirigidas exclusivamente a los que perpetúan acciones violentas, hay alegaciones de ataques dirigidos indiscriminadamente hacia toda la población de la etnia.

Desde el gobierno (vale acotar que este sigue fuertemente atravesado por la presencia militar en la política), se han lanzado comunicados afirmando que muchas de las acusaciones de abuso parecían ser fabricadas o tenían poca evidencia respaldándolas.  

Mientras tanto, el gobierno le negó a la ONU el permiso para dirigir una investigación independiente sobre si hubo o no intentos de limpieza étnica, desde el ejército, hacia la etnia minoritaria. Las denuncias hacían referencia a las fuerzas de seguridad supuestamente asesinando civiles tanto adultos como niños, violando mujeres, y quemando hogares. Desde el gobierno, estas acusaciones son negadas.

Hay hechos, sin embargo, que son innegables. Al menos 40.000 civiles viven en campos de refugiados en Bangladesh; a su vez, hoy se está intentando evitar otro influjo masivo, bloqueando la entrada de 6.000 refugiados más al país por la frontera. Desde la ONU, se siguen denunciando los comportamientos de los militares, hablando de una campaña de limpieza étnica.

Siglo XXI. Limpieza étnica. Términos que deberían no estar en una misma oración, y sin embargo, seguimos encontrando en conjunto.

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