Algo que siempre me pregunté con respecto a los escritores es qué ocurre cuando se comprometen tanto con ese mundo que crearon. ¿Puede haber un punto en el que ya no distingan lo real de lo que es ficticio? ¿O incluso un punto en que hagan de su propia vida una novela? Y  algo así había leído hace dos años cuando me enteré por Santiago Posteguillo, en su libro La Sangre de los Libros, de un hecho que nunca me hubiese imaginado.

A principios de enero de 1926 es encontrado un auto abandonado con ropa y un carnet de conducir a nombre de Agatha Christie. Sí, Agatha Christie, la gran escritora del género policial es calificada como ‘desaparecida’. Nadie sabe dónde está. De lo único que se tiene conocimiento es que la noche anterior, el 3 de enero de 1926, había discutido con su esposo luego de enterarse de su infidelidad y de haberle solicitado el divorcio. Esa misma noche abandona la casa y, según una carta que le había dejado a su secretaria, se marcha a Yorkshire. Qué ocurrió en medio de ese trayecto es un completo misterio. Lo único que se sabe es que aparece un día después su auto abandonado.

Lo que sigue luego de eso es un completo caos, la prensa enloquece y la policía no tiene idea por dónde avanzar. Su marido es el principal sospechoso de haberla matado, mientras que, a su vez, un gran número de agentes policiales, aviones y voluntarios (hasta el propio Arthur Conan Doyle) rastrillan y buscan algún indicio de dónde podría estar la escritora.

La encuentran. Once días después una llamada de un hotel al norte de Yorkshire confirma que tienen de huésped a una persona muy parecida a Agatha Christie. Sí, definitivamente era ella. ¿Lo más loco? Se encontraba registrada con el nombre de ‘Teresa Neele’, el apellido de la amante de su esposo.

Agatha Christie es diagnosticada con una crisis nerviosa y amnesia temporaria tras no lograr reconocer a su marido al primer momento en que lo ve ni poder responder por qué se encontraba ahí. Recibirá un tratamiento y logrará recuperarse y posteriormente, luego de su divorcio, casarse de vuelta.

Sin embargo, ante este hecho hubo muchísima discusión sobre qué fue realmente lo que sucedió. ¿De verdad se trató de una crisis nerviosa? Muchas personas dispararon contra la idea de que lo había planeado todo para que la policía creyera que su marido la había matado. ¿Y el apellido de la amante de su esposo en el registro del hotel? Sería un gran toque al estilo Christie.

Nunca se pudo resolver este gran enigma, pero siempre permanecerá la pregunta de si en realidad su propia mente, creadora de sus historias fascinantes, la terminó convirtiendo en un personaje más de su mundo de misterio.

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