Nos gusta elegir frases de canciones para poner debajo de las fotos que subimos a Instagram. Nos gusta subrayar en los libros las frases que sentimos que nos dicen algo. También nos tatuamos alguna frase inspiradora en la mente, o ¿por qué no en el cuerpo? para poder mirar siempre que las cosas salen mal. Es simplemente el poder de una frase. Definitivamente hay algo en esas palabras.

Capaz en la vida perdemos el tiempo hablando sobre otras cosas dejando de decir lo que de verdad queremos. Quizás esas frases digan más sobre nosotros de lo que podamos decir sobre nosotros mismos.

Me gusta preguntarle a la gente sus citas favoritas, como a otros les gusta preguntar qué película te gusta o qué género de música escuchás. Creo que en esas citas está la esencia de una persona. Uno nunca elige una frase al azar, la elige porque sintió que le dijo algo. Y definitivamente, siempre fui una persona que creyó que las frases que nos gusta citar terminan diciendo más sobre nosotros mismos que sobre las historias que estamos leyendo.

Así que las subrayamos con lápiz (o en mi caso con lapicera), les ponemos un post-it o la escribimos en Notas para no olvidarla, pero la verdad  es que uno no termina olvidando completamente algo que te hizo sentir identificado. Después de todo, como dice la frase: “en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia”.

 

 

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