Hay muchas imágenes mentales que representan al “placer de manejar”. Algunos podrán imaginarse una autopista amplia en medio del desierto donde se puede acelerar a fondo. Otros quizás, un camino sinuoso de montaña donde se puede tomar las curvas a toda velocidad. Lo que seguramente nadie se imagine al pensar en “el placer de manejar” sean los bocinazos y embotellamientos que son una imagen más realista de lo que es la conducción en las áreas urbanas. En Buenos Aires no es fácil esquivar el tránsito, Microcentro, la General Paz e incluso las calles internas de algunos barrios se convierten en playas de estacionamiento incluso fuera del horario pico. Además de la contaminación visual y auditiva, las emisiones de gases contaminantes y partículas afectan la salud de toda la población. Con la construcción de las ciclovías y el Metrobus, el gobierno de la ciudad busca resolver esta problemática. ¿Cómo se resuelve en el resto del mundo?

Cada ciudad ha implementado diversas soluciones a esta problemática. Santiago de Chile, por ejemplo, limitó la circulación de los autos en los días con alta contaminación aérea en función del último número de la patente. Londres estableció permisos carísimos para entrar a la capital, Bruselas prohíbe, a partir de 2019, el ingreso a la ciudad de cualquier auto no híbrido/eléctrico o de bajas emisiones. Mientras que la mayor parte de los países utilizan estas soluciones para complementar la existente red de transporte público, en Estados Unidos las soluciones principales no quitan al auto de la ecuación. Aquí el tránsito se busca solucionar, además de las formas más tradicionales, con métodos menos ortodoxos como ZipCar, donde se alquilan autos por hora o Car2Go y otros servicios de carsharing que permiten a los usuarios compartir autos.

Sin embargo, a escala general, la solución más efectiva para resolver problemas de congestión ha sido siempre la misma; quitar al automóvil de la ecuación. Por ejemplo, para el desplazamiento de distancias cortas (hasta de entre 4 y 5 kilómetros) la bicicleta no sólo es el vehículo más práctico en relación al uso del espacio, sino que además es el que menos tiempo tarda en llegar a destino, como se aprecia en el gráfico a continuación tomado del Servicio Nacional de Transporte de Holanda.

Suena lógico, pero está comprobado que a medida que aumenta la infraestructura de transporte urbano alternativo al auto (bicisendas, carriles exclusivos para colectivos, trenes, subterráneos e incluso veredas más amplias) aumenta el uso de las mismas y disminuye el tránsito y la contaminación del centro urbano. En mi experiencia personal, como dueño de un auto y de una bicicleta, noto que hay muchos lugares en la ciudad a dónde llego mucho más rápido si voy en esta última. Es probable que la solución al problema sea una combinación de muchas o todas las soluciones que se han implementado en el mundo; para distancias cortas, la bicicleta y para las más largas el tren o el colectivo, por ejemplo. Lo que sí está claro es que la congestión de tránsito, con sus altos costos de tiempo, económicos y a la salud de la población debe solucionarse. Buenos Aires, ¿cuáles de estas soluciones implementará?

 

 

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