No es novedad alguna que los temas de género estén cada vez más presentes en la agenda de los medios de comunicación. Ya no sorprende entrar en los sitios de los principales diarios argentinos (o del mundo) y encontrarse con notas que hablan del “pink tax”, el “wage gap”, el “techo de cristal” y el “piso pegajoso”, entre tantas otras alegorías. Entre tanto juego de palabras, es fácil perderse y comprender a medias a qué se refieren estos términos. Para aclarar los tantos, les presentamos algunas definiciones breves.

Brecha salarial (wage gap): es la diferencia entre el salario que perciben ambos sexos, la problemática más tratada en la opinión pública. Se refiere a una fuerte desigualdad, ya que las mujeres cobran en promedio aproximadamente un 25% menos que los hombres, en los empleos formales. En el sector informal, las trabajadoras llegan a percibir un 40% menos. Este tema se volvió muy presente cuando varias actrices de Hollywood se quejaron públicamente de que recibían menos dinero que sus coestrellas estando en el “mismo nivel”, pero es una realidad que afecta a todas las mujeres independientemente del sector de la economía en que trabajen, donde ganan menos que los hombres por el mismo trabajo.

Impuesto rosa (pink tax): es el sobreprecio que las mujeres deben pagar por productos “específicos” femeninos en comparación con otros unisex o masculinos. El nombre proviene de que, en general, los bienes de consumo femenino suelen tener el color rosa en alguno de sus componentes (lo cual es otro tema controversial a debatir). En los Estados Unidos se realizaron estudios que mostraron que, por ejemplo, los productos de cuidado personal (máquinas de afeitar, desodorantes, etc.) para la mujer son más caros que los destinados al hombre. Lo mismo sucede con las prendas de vestir y los juguetes, entre otros. En Argentina, se descubrió que los medicamentos son más caros en su versión “femenina” (cuando se usan para tratar dolores menstruales, por ejemplo) que en la original, y que determinadas golosinas tenían mayor precio cuando sus paquetes tenían temas que se les atribuyen culturalmente a las niñas, en comparación con aquellos con motivos comúnmente asociados con los varones.

Techo de cristal: son las barreras invisibles que no permiten a las mujeres conseguir puestos jerárquicos y de decisión. De las empresas de Fortune 500, solo 32 de ellas (el 6,4%) tienen CEOs mujeres. En Argentina, solo el 4% de las compañías están dirigidas por mujeres. Para la economía feminista, una de las principales causas de este problema es que el trabajo doméstico no remunerado, es decir, las tareas del hogar y el cuidado de lxs hijxs, está distribuido asimétricamente entre hombres y mujeres, perjudicando a las últimas. A nivel mundial, la cantidad de horas que la mujer le dedica a dichas tareas es sustantivamente mayor a las que le dedica un hombre. Entonces, avanzar profesionalmente, tener mayores responsabilidades y destinar mayor tiempo a lo laboral significa para las mujeres un enorme desafío. Éste no es únicamente un fenómeno observable en el sector privado: son pocas las jefas de Estado y/o Gobierno alrededor del mundo, los parlamentos suelen tener un número minoritario de legisladoras mujeres, y los gabinetes (con la excepción del canadiense, con un “50-50”) son conformados mayoritariamente por hombres. El gobierno de Mauricio Macri cuenta hoy, luego de la salida de Susana Malcorra, con una única ministra: Carolina Stanley, en la cartera de Desarrollo Social.

Piso pegajoso: con esto se refiere a que las mujeres sufren más obstáculos y tienen menos oportunidades que los hombres para ingresar en el mercado laboral, más allá de los techos de cristal. En Argentina, la tasa de actividad femenina es más de 20 puntos inferior a la masculina: 46,3 de las mujeres contra 68,9 de los hombres (según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondientes al cuarto trimestre del 2016). Una vez que ingresan, existe un proceso mediante el cual quedan “estancadas” en puestos de trabajo de menor calificación, menos dedicación horaria, menores salarios e incluso más informales. Éste es entonces el “piso pegajoso” que impide que las mujeres avancen hacia trabajos mejores de formas que los hombres no sufren. Una vez más, el motivo parece pasar por el trabajo doméstico no remunerado y las dificultades que las mujeres experimentan, debido a los roles que la sociedad les atribuye discriminadamente con respecto a los hombres, al querer equilibrar ambos tipos de trabajo. Las desigualdades en el ámbito educativo y la preocupación por el rol reproductivo de la mujer serían otras explicaciones que se pueden considerar.

Foto de portada: Ariet. .