Muchos de nosotros, incluso yo en su momento, tuvimos la imagen del escritor exitoso y adinerado creador de alguna saga. Muchas veces, lo relacionamos incluso con la loca historia de haber sido rechazado numerosas veces, un típico ‘si trabajas duro y no te das por vencido lo lograrás’. Ese relato del escritor desestimado que alcanza la gloria y se convierte en best seller millonario puede que encaje con alguna versión europea al estilo  J.K. Rowling. Sin embargo, casi siempre no es así.

Acercándose el día del escritor, me gustaría contar esta maravillosa y triste historia con la que me topé hace un año. Se trata de Enrique “Kike” Ferrari, un escritor argentino ganador y finalista de numerosos premios internacionales. Que mientras que en el día escribe, por las noches trabaja limpiando la estación Pasteur-Amia de la línea B. Sí, aunque parezca increíble así lo es: un hombre de unos 45 años con 5 novelas publicadas y reconocido en premiaciones en Cuba, España y Francia que solo fue notado en su propio país cuando Crónica TV mostró esta curiosa historia.

Habiendo hecho de todo para sobrevivir (fletero, panadero, taxista, atendiendo un call center, vendiendo seguros y muchos trabajos más), nunca abandonó la escritura, su gran pasión. Casi que fue un auto didacta, pues, aunque intentó el profesorado de letras, no lo logró, ni tampoco realizó talleres de escritura.

De esta forma, él sigue escribiendo en sus recreos laborales intercalando así su trabajo y su amor por las letras. Me duele pensar que, como Kike Ferrari hay muchos más escritores perdidos por ahí que rompen con esa idea que tenemos. Para mí, este ejemplo representa en sí el ‘si trabajas duro y no te das por vencido lo lograrás’ en su máxima expresión.

 

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