Muchas son las palabras que están asociadas al peronismo: industria, sindicalismo, derechos sociales, autoritarismo, e incluso fascismo; la lista continua. Dependiendo de en qué vereda uno se encuentre va a asociar más rápidamente unos conceptos por encima de otros. Pero existen dos ideas que, sin importar nuestra postura respecto a Perón, están sin lugar a dudas fuertemente vinculadas al peronismo: la industrialización (o soberanía económica) y la expansión de los derechos de los trabajadores. Y si bien cualquier argentino tiene una mínima noción de por qué durante el peronismo clásico estas dos ideas fueron claves, no es ampliamente conocida la fundamentación militar de ellas. Este breve artículo buscará explorar estos fundamentos.

En primer lugar, no debemos olvidarnos de la formación de Perón. Era un militar hecho y derecho que comenzó su carrera a los 16 años y que para el momento de asumir como Presidente (1946), ya llevaba 35 años de carrera militar. Imaginemos entonces por un momento cuáles eran los tipos de autores que leyó durante su formación y las temáticas que se trataban dentro del Ejército. No tardaríamos más de cinco segundos en darnos cuenta que el tema principal que preocupaba al Perón cadete era uno solo en particular: la guerra. Como buen militar, Perón afirmará en una conferencia dictada en 1944 en la Universidad de La Plata que “la guerra es un fenómeno social inevitable” y que “las nacionales llamadas pacifistas, como es eminentemente la nuestra, si quieren la paz, deben prepararse para la guerra”.

Pero pará, ¿qué tiene que ver la industrialización y el derecho de los trabajadores con la guerra? Bancá, ya vamos a llegar a eso. Primero tenemos que dar cuenta de dos acontecimientos que marcarán la historia del siglo XX y entender cómo éstos cambiaron la forma de concebir el mundo. Estamos hablando de la Primera Guerra Mundial (1914) y de la Revolución Rusa (1917). Veamos que ambas ocurrieron durante el período de formación del joven Perón, entre sus 19 y 22 años de edad, por lo tanto podemos asumir que ambos sucesos repercutieron fuertemente en su educación.

El primero de los acontecimientos mencionados cambió la visión respecto a la guerra de forma drástica: la Gran Guerra introducirá por primera vez en la historia (aunque algunos rasgos de ella pueden ser anticipados en la Guerra de Secesión o en la Guerra Franco-Prusiana) lo que luego se conocerá como la “guerra total”, es decir, una guerra en la que los países movilizan y fuerzan hasta el límite todos sus recursos disponibles con el único objetivo de destruir totalmente la capacidad de otro país. A partir de ahora, si un país se ve en un conflicto bélico con otra nación, tendrá que destinar la totalidad de sus recursos humanos, naturales y tecnológicos a la empresa bélica.

Por otro lado, la Revolución Rusa despertó en todas las elites gobernantes del mundo el temor ante una posible rebelión del proletariado que tire abajo al gobierno. Se viven tiempos donde el fantasma que recorre Europa es considerado un peligro inminente. Esta experiencia exitosa de rebelión, además, despertará simpatías en las organizaciones laborales a nivel internacional.

Okey, todo bien con la Primera Guerra y la Revolución Rusa pero estas dos cosas ocurren entre 1914 y 1917 y Perón recién ocupa un cargo en la administración pública en 1943, es decir que pasaron casi 30 años entre una cosa y la otra. Bueno, como siempre pasa, la historia se repite: las naciones europeas volvieron a involucrarse en una guerra total en 1939, esta vez con consecuencias aún más devastadoras, y continuarán enfrentándose hasta 1945. Para la Segunda Guerra Mundial, el Ejército argentino ya tenía un plan de acción para evitar consecuencias de esta nueva guerra mundial. Por lo menos, ellos creían que estaban haciendo eso.

Estamos ahora en condiciones de responder a la pregunta que nos hicimos antes, ¿qué tiene que ver la visión de Perón sobre la guerra con la industrialización y la expansión de los derechos laborales?

Según él y un grupo de militares conocidos como “nacionalistas legalistas”, el autoabastecimiento de la nación en materia de energía y, sobre todo, de armamento eran claves para prepararse para la guerra. No olvidemos que las cuestiones fronterizas con Chile permanecían irresueltas, recién en 1984 llegará a su conclusión este conflicto, y nuestro país rivalizaba con Brasil en la predominancia político-militar de la región. En otras palabras, reinaba una hipótesis de conflicto en la década del 1940. Además, la guerra mundial había llegado a Asia, África y nuevamente a los Estados Unidos, ¿existía alguna razón que asegurase que el conflicto no llegara a Latinoamérica?  Los militares nacionalistas abogaban entonces por una intervención del Estado en el desarrollo de la industria de base que le de las capacidades necesarias a la nación para enfrentar una guerra total. Reformulando la declaración de Perón, si querés la paz, industrializate para la guerra.

Ahora bien, no sólo las capacidades de hacer la guerra fueron importantes para el Perón militar, también lo fue la cohesión social. Recordemos que el estallido revolucionario en Rusia fue la principal causa de su retirada (y derrota) en la Primera Guerra. Recordemos también que la alta tasa de abandono de las tropas alemanas, así como la desmoralización en la población causada por las grandes restricciones y racionamientos que desembocaron finalmente en la revolución de Berlín en 1918, fueron unas de las principales causas de la derrota de Alemania. Entonces, en una guerra total, donde son necesarias las levas multitudinarias tanto en el campo como en la ciudad, así como el cambio de curso de todas las industrias existentes a la fabricación de armamento, el descontento general de la población trabajadora se puede transformar en una cuestión decisiva para garantizar la victoria. Perón diría en la conferencia anteriormente citada que en una guerra la nación puede ser representada como un arco con su flecha, en donde sus Fuerzas Armadas representan tan sólo por la punta de la flecha; todo lo demás es la Nación entera y su capacidad tanto humana como económica de enfrentar una guerra total.

Una vez más y para siempre se dirá en una charla de café que Perón utilizó la intervención estatal y a los trabajadores para garantizar su perpetuación en el poder. Quizás el pensamiento de un hombre político como lo fue Perón no puede ser reducido a declaraciones tan simplistas. Quizás detrás de cada lucha por el poder existe un verdadero sentimiento patrio y una voluntad por lograr algo importante para el país, en este caso su seguridad. Quizás, y sólo quizás, debamos reflexionar sobre esto más a menudo.