Ante el vacío dejado hace años por la finalización de Futurama, la degradación absoluta de Los Simpsons y la vigencia del humor repetitivo y que casi desafía la estupidez humana de la horda de series de Seth MacFarlane―Family Guy, American Dad y The Cleveland Show―, la verdad es que hacía falta un aire fresco dentro de las series animadas de humor para adultos. A este cuadro de situación debemos agregarle la disminución de la calidad de South Park la cual ya empieza a sentir los coletazos de ser una serie de largo aliento que ya llegó a las 20 temporadas―el Donald Trump que presentó la serie, por ejemplo, se queda muy corto con el que hay en la vida real.  Sin embargo no hay que desesperarse porque parece, señoras y señores, que nuestras suplicas han sido escuchadas.

Descubrí la existencia de Rick and Morty hacia fines del año pasado casi por casualidad y decidí verla con la esperanza de encontrar algo que me hiciera pasar un buen rato entre cada examen final de la facultad. Y vaya que supero mis expectativas.

Primero que nada, Rick and Morty es una serie estrenada en el año 2013 y creada por Justin Roiland y Dan Harmon; actualmente va por su muy esperada tercera temporada. La trama en principio es sencilla: hablamos de una comedia animada para adultos centrada en las aventuras de Rick Sánchez―un científico genio y alcohólico que vive en la casa de su hija a la cual abandonó durante su niñez―y su nieto Morty―un típico púber con las hormonas a flor de piel quien generalmente lleva la peor parte en los capítulos de la serie. Alrededor de ellos se intercalan una serie de personajes en apariencia secundarios: Beth, la hija ya mencionada de Rick quien es una cirujana de caballos, Jerry, su esposo de carácter bastante débil y quien no tiene la mejor de las relaciones con Rick, y Summer, la hermana mayor de Morty quien padece las usuales ansias adolescentes de ser popular en la escuela. Claramente la serie no destaca por su animación pero si por su tremendo humor que a veces roza lo absurdo y lo escatológico pero nunca deja de mostrar algún grado de inteligencia y de variantes producto de un guión bastante sólido y contundente―algo que Los Simpsons abandonó hace tiempo y que las series de Seth Macfarlane como Padre de Familia jamás intentaron.

La serie―cuyo piloto se planteó como una parodia animada y algo picante de la trilogía de películas Volver al futuro― por un lado todavía se queda en el marco del humor centrado en la familia, pero por el otro lado nos introduce al mundo de las aventuras espaciales y de ciencia ficción al estilo de Futurama sin abrumarnos de datos y teorías científicas. Por lo tanto podríamos decir a grandes rasgos que Rick and Morty combina lo mejor de Los Simpsons y de Futurama. La trama es un intermedio entre el formato episódico―el típico formato de comedias donde lo que pasa en un episodio no tiene conexión con el siguiente―y el lineal―el usado generalmente por series de trama más densa y con una línea argumental narrativa que conecta a más de un capitulo. Es decir, un formato pseudolineal o cuasi lineal. Esto hace que las tremendas consecuencias de las locuras del dúo protagónico tengan corolarios que se ven, si bien no en el próximo capítulo, sí en el mediano y el largo plazo. El esquema típico de cada capítulo consiste en sus inicios en una sub-trama principal basada en los avatares del abuelo y su nieto, y en otra secundaria protagonizada por el resto de los integrantes de la familia. Sin embargo, lo genial de esta serie es que en poco tiempo evolucionó bastante y positivamente. A Rick y Morty muchas veces se empieza a sumar Summer en sus locas aventuras, cuando no directamente el abuelo y la nieta captan el protagonismo formando un dueto muy divertido debido al machismo del primero (como en el episodio 7 de la primera temporada “Raising Gazorpazorp”). O, en ocasiones, la familia entera es participe con resultados muy positivos (el último capítulo de la segunda temporada es una gran muestra de ello). Esto es lo bueno de un elenco pequeño de personajes principales: puedes darles el tratamiento adecuado y hacerlos interactuar de maneras muy distintas entre sí. Es ilustrativo de ello el matrimonio disfuncional de Beth y Jerry el cual nos saca más de una carcajada y nos hace preguntarnos en más de una ocasión cómo es que siguen juntos.

Otra evolución positiva en la serie es que poco a poco empieza a emerger un tópico narrativo muy interesante: el pasado de Rick antes de instalarse en la casa de su hija, el cual a su vez nos permitirá develar poco a poco el por qué de la ausencia de este durante la infancia de Beth. Sobre eso me reservo mis palabras para no spoilear. Además cada capítulo se encarga de tocar temas filosóficos muy diversos ―”The Ricks must be crazy” es muy ilustrativo al respecto―e incluso parece haber una concepción filosófica subyacente a toda la serie: una yuxtaposición de existencialismo y nihilismo que se traduce muy bien en el comportamiento egoísta, despreocupado y sin tapujos morales de Rick. Y si esto no choca con la veta humorística del show es porque, como ya dije, el guión está muy bien estructurado. No es que no posea algunas inconsistencias, pero son pequeñas y hay que mirarlas casi con lupa para detectarlas, además de que no arruinan el tono general de la serie ni de lejos.

Para finalizar, Rick and Morty es una serie muy innovadora, con un humor que no se reserva nada y que todavía promete bastante. No es que todos sus capítulos estén geniales ―”Interdimensional Cable 2: Temping Fate” es bastante flojito dentro de todo―pero en líneas generales la serie se está poniendo mejor con el tiempo. Muchos, incluido su servidor, esperamos con ansias los capítulos de la tercera temporada.

Foto de portada: Graham van der Wielen..