Que tire la primera piedra quien alguna vez no se pasó toda la noche haciendo un trabajo práctico y se lo terminó olvidando impreso arriba de la mesa. O peor, hace unos años, mi hermano menor y yo intercambiamos sin querer carpetas del mismo color el día que tenía que presentar una tarea. Porque estas cosas no suceden en días normales, sino en aquellos en que de verdad necesitas que las cosas salgan bien. Lo loco es que a veces, las cosas pueden terminar saliendo muy bien, incluso para los escritores.

¿Alguna vez escuchaste sobre Tammara Webber? La escritora americana de literatura juvenil con libros que fueron best sellers contó que a sus 19 años, destruyó sin querer lo que tenía escrito de su primera novela cuando, por error, la puso en la trituradora del trabajo.

Incluso Carrie no hubiese visto la luz si la esposa de Stephen King no hubiese agarrado de la basura las primeras páginas que había escrito su marido y lo hubiese obligado a terminar la historia.

A veces pienso que debería haberse llamado ‘Cien años de soledad y todos los obstáculos por los que tuvo que pasar’. Por un lado, está la propia odisea de Gabriel García Márquez para enviar el manuscrito: cuando iba a mandarlo a Buenos Aires, con su mujer, se dieron cuenta que no les alcanzaba para enviar la totalidad de la obra, por lo que la separaron y mandaron la primera mitad. Sin embargo, se percataron después de que por error, habían enviado la segunda. Pero para ese entonces, Francisco Porrúa, director literario de la editorial Sudamericana les había enviado dinero, ansioso por leer esta maravillosa novela.

Años más tarde, el autor se enteró que Esperanza Araiza, a quien le había pedido que le pasara en limpio su obra, se resbaló al bajarse del colectivo con la última versión corregida por García Márquez un día de un diluvio terrible. Las hojas quedaron flotando en la calle y, luego de que otros pasajeros la ayudaron a recogerlas, las secó en su casa hoja por hoja con una plancha para la ropa.

Tal vez, olvidarse el tp arriba de la mesa puede terminar en un grandioso día también.

 

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