–Hola, Ministro. Gracias por recibirme.

–Buen día, ¿cómo anda usted?

–Bien, que se yo… enquilombado por temitas de impuestos y una falla en la obra de Santa Fe.

–¿La familia bien?

–Sí, muy bien. Gracias por preguntar.

–Primero lo importante, o ¿no?

–Tiene toda la razón.

–A esta altura me podrías tutear ya. ¿No te parece?

–Bueno, como te parezca. Quería hacerle una consulta Ministro.

–Dígame.

–¿Viste la licitación de las rutas que me dijiste que van a publicar?

–Sí, estamos atrasados con eso, pero va a salir en una semana.

–¿Qué posibilidades tenemos de evitar el asunto…?

–¿A qué te referís?

–Si hacemos la licitación cuando me la adjudiquen podrían notar que hay algo raro, viste…

–¿Decís que vayamos directo? No viste como funciona esto…

–Lo que digo es que va a quedar más prolijo si no abrís la licitación y van directo conmigo. Si no, van a decir “otra vez gana la licitación el mismo empresario”.

–Ah ahora entiendo a lo que vas. Sabes que ahí cambia el costo, ¿no?

–No esperaba otra cosa.

–Bueno, yo ahora hago una llamadita y te mando el ok por Whatsapp. Ya sabes cómo hacer la transacción.

–Gracias. Saludos a tu mujer.

 

 

 

–Hola, Presidente. Perdón que me vine de prepo pero le quería hacer una consulta.

–Estoy ocupado. ¿Puede ser en otro momento? Tengo un embajador esperándome.

–Son 5 minutos.

El presidente levanta la mirada.

–Me vino a ver el empresario del plan vial. Quiere ir sin licitación.

–¿Pero nos está tomando por pelotudos ese imbécil? Yo ya le había dejado en claro cómo van a ser las cosas.

–Dice que es para no atraer la atención de la prensa. Evitar los titulares tipo: “Otra vez el mismo empresario recibe una licitación millonaria”.

–Ah entiendo. ¿Vos que decís?

–No me parece mal. Va a pasar desapercibido, lo ponemos en el boletín oficial del viernes que va a tener como 80 hojas, nadie llega al final.

–Perfecto.

El ministro se levanta y se acerca a la puerta.

–Presidente, una consulta nada más.

El presidente levanta la mirada.

–¿Le aviso al gobernador?

–Sí, obviamente. Arreglemos el discurso para ver bien como lo presentamos por si alguien dice algo.

–Perfecto.

–Ah, ¿la transacción como va a ser?

–Igual que la vez anterior. Es más fácil que los bolsos.

–Bueno. ¿Los chicos bien?

–Sí Presidente, todo muy bien. Gracias por preguntar.

–Cerrá la puerta cuando salgas.

 

 

 

 

–Hola, Gobernador. Gracias por recibirme con tanta urgencia.

El gobernador se paró y le estrechó la mano al ministro.

–Estuve reunido con el tipo de las rutas. Me dijo que no quería hacer la licitación, que adjudiquemos las obras de una.

–¿Y qué dijo el emperador?

–Que sí, es mejor para evitar a la prensa. Y que te avisemos para arreglar que decimos.

–¿Ahora se acuerda de mí el hijo de re mil puta?

–¿Hay algún problema con el plan?

–No, todo bien. ¿Qué decimos?

–Que las otras empresas que se presentaron a la licitación no presentaron toda la documentación a tiempo, así que adjudicamos directo la obra para darle a los argentinos las mejoras que se merecen lo más rápido posible.

–¿Pero tenes papeles para mostrar esto?

–Ya lo están gestionando.

–Joya. Decile al Presidente que en la inauguración yo también voy a hablar. Perdón, no le digas. Informale directo, ¿ok?

–Bueno… más adelante lo vemos bien.

–No, escúchame bien imbécil. A mí ni me atiende el teléfono el hijo de re mil puta.

–Le digo.

–¿La transacción se hace como siempre?

–Sí.

–Buenísimo. Saludos a tu mujer

Una sonrisa se dibuja en la cara del ministro al salir.

 

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