Son dos los espectáculos: En una cancha, suenan los tejos contra la madera de la punta de los palos, que ágiles y tiesos golpean el disco escapándose de las ruedas de los patines que los persiguen con movimientos rápidos.  Es el partido, que empezó hace poco y los jugadores están ansiosos. Por otro lado, en realidad en el piso de arriba, los discos suenan también, pero son menos y más suaves. Son Iara y sus compañeras, que entrenan mientras el coach Dicky (papá de Iara) les da direcciones a gritos desde el costado de la cancha. Se trata de un domingo típico en el Club Perú, en el Bajo de San Isidro (aunque no tan típico porque normalmente Dicky no da entrenamientos los fines de semana). Al adentrarse en ese enorme galpón donde se sitúan las canchas, el sonido de los tejos, palos y rollers aumenta mezclándose con el grito de amigos, familiares y hasta rivales. Todo eso sumado al intento de música que se corta cada cinco minutos y los gritos de Dicky haciendo de entrenador. Pero en este menjunje de gente y sentimientos, abruma el olor a sudor y la atmósfera deportiva a la antigua.

Son las 6:45de la tarde en el bajo y a estas alturas de abril, el frío combinado con la brisa del río de La Plata empieza a dejar narices rojas y hace sonar los estornudos. Esto no frena a  Dicky, que toma mate junto a su esposa Florencia, mientras observa a medias el partido de su hija Iara y su equipo. Dicky Haiek es un hombre de 48 años, pelo castaño aunque un poco canoso, y ojos marrones con una chispa entusiasta. Es más bien alto y de físico atlético. Si bien es licenciado en Análisis de Sistemas, su vida está en el Hockey.

“Todo arrancó en el 95”, dice. “Cuando vinieron a buscarnos en la playa de estacionamiento de la Facultad de Derecho, donde jugábamos con palos y rollers los del Ministerio de Deporte. Buscaban algún equipo para mandar al primer Mundial de Hockey de Línea en Chicago. “

“¡De no haber perseguido en taxi al chico que iba en rollers y con palo de hockey sobre hielo hasta esa playa de estacionamiento todavía estarías trabajando para IBM!” Le contesta a carcajadas Florencia.

Dicky había conocido el hockey sobre hielo por primera vez en los Estados Unidos cuando viajaba con sus padres. Pero después, aparecieron los rollers en Argentina, y ya con el Mundial de Chicago, encontró una forma de cumplir su sueño: Si bien era costoso traer el hockey sobre hielo a su país, podía hacerlo con el hockey en línea (en rollers). Hoy es coach de Perú, pero también dirige la Asociación Argentina de Hockey sobre Hielo y en Línea (AAHL), que fundó en 1997 con el permiso de la International Ice Hockey Federation (IIHF).

Inquieto, Dicky devuelve el mate a Florencia. Se pone unos rollers, y en menos de cinco segundos su esposa le está dando un palo de forma automática mientras él entra a la cancha a las apuradas. Desde lejos se acerca a las chicas gritándoles que se preparen para un ejercicio de carrera y tiro al arco.

Mientras tanto en el otro espectáculo la hinchada suena cada vez más fuerte. Ya van por el segundo tiempo y quedan 13 minutos. Sebastián Bustos (de 29 años, alto y aspecto deportivo) está sentado en la tribuna, alentando a sus amigos. Es de suerte que vino esta tarde a Perú, pues desde ya varios años entrena para la Selección Argentina de Hockey en Línea. La cual le lleva aproximadamente cinco horas diarias entre entrenamientos físicos y técnicos, las idas y vueltas desde San Isidro (su barrio de toda la vida) al CENARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Si bien es federado, a Sebastián no le pagan por jugar en la selección.

“Es puro huevo”, dice “pero soy un pibe deportista, lo necesito, no puedo estar sin desgastarme físicamente. Desde que jugué por primera vez en la cancha móvil que llevaba Dicky a la playa de Pinamar para promover, me fascinó. Me exige cada vez más, pero no lo puedo dejar” explica.

Se baja de la tribuna y camina al bar para ir a buscar agua. En el camino, todos lo saludan con una sonrisa, es un conocido. Sebastián arrancó en Perú a los seis años, pero a los doce pasó a las ligas mayores. La elección de un deporte alternativo como el Roller Hockey en vez de uno más tradicional como el fútbol, o el tenis, para Sebastián refleja un entusiasmo importante.

“Somos fanáticos. Nos mueve una pasión diferente, nos encanta el deporte y siempre vamos a buscar practicarlo más.”

Sebastián le agradece a María, la moza del bar, por la botella de agua y regresa rápidamente a su lugar en la pequeña tribuna. Ya quedan pocos minutos y puede escucharse la respiración agitada de los jugadores cansados. Entra una corriente de viento fuerte que hiela las espaldas de los espectadores en la tribuna. Sebastián intenta cubrir su rostro lo más que puede dentro del cuello de la campera.

“Mejor me acostumbro (dice riendo a medias), en Bratislava el frío es esto multiplicado por diez.”

Si bien Bratislava es donde se va a encontrar en Julio para jugar el Mundial de este año, hasta entonces trabajará como Gerente Comercial de una marca de nutrientes que importa de Chile. Son muchas las exigencias que maneja este comerciante deportista. Pero siempre encuentra un momento para volver al Club Perú, donde se juntan su pasión más grande y sus amigos de toda la vida.

“Perú es algo así como “La Meca” para mi camada al menos”, dice un tanto serio. “ Es acá donde empezó y desde donde se impulsó este deporte para mucha gente. El Bajo de San Isidro es el semillero del Hockey.”

El árbitro toca dos veces el silbato y el partido termina. El ruido del tejo contra los palos para, y el tranco de las ruedas es ahora más largo y tranquilo: los jugadores salen de la cancha. Se reúnen en una ronda afuera. Algunos sentados, otros parados, todos quitándose los protectores y los cascos entre carcajadas y gotas de sudor. Mientras elongan, algunos ya fueron a buscar cervezas; después de todo están en Perú Beach. En la ronda de al lado se sienta Iara con su equipo. También se quitan los protectores de las piernas, brazos, el casco y elongan mientras charlan de su próximo entrenamiento. Dicky se acerca y saluda a todos. Lleva puesta una campera celeste con la sigla AAHL y el nombre de la Ciudad Noruega, Lillehammer, donde compitió su hija el año pasado para la disciplina de Skill Challenge de Hockey sobre Hielo en los Juegos Olímpicos de Menores.

El espectáculo es ahora uno. La esencia del Club Perú. Reunidos en una tarde/noche fría de río se encuentran estirando entre risas y sudor deportistas de distintas edades. Los une una pasión: la del Hockey. ¿Quién habría dicho que el pulmón detrás de esta vertiente deportista era el sueño de un hombre que lo quiso compartir con su gente? Después de un rato, son pocos los que quedan. Hay que ir a trabajar o a estudiar mañana, e intentar no estar tan cansado por el partido. Dada por hecha la jornada, Perú ya está vacío, excepto por Dicky que se cruza a toda velocidad del galpón a los baños del bar de al lado en rollers. ¡Ni para ir al baño se saca los patines ese hombre!

Foto de portada: Camila Franco Soubié. .